Una nueva economía está aquí, y no nos hemos dado cuenta
14 de enero 2019
Por Óscar Lage, profesor en ICEMD y responsable de ciberseguridad en Tecnalia
Una nueva economía está aquí, y no nos hemos dado cuenta

Por Óscar Lage, profesor en ICEMD y responsable de ciberseguridad en Tecnalia

 

El Blockchain ha llegado para cambiar nuestro día a día. Para quienes todavía no están relacionados con esta tecnología, Blockchain hace referencia a una gran red o comunidad en la cual se pueden intercambiar unidades de valor, al mismo tiempo que cada miembro de esa comunidad custodia y valida la veracidad de cada transacción o cambio en los datos.  La idea que se respira detrás de blockchain consiste en que, para llevar a cabo una determinada operación, todos los participantes en la misma tienen acceso a un registro común, de tal manera que sólo cuando todas las partes están de acuerdo se puede registrar un cambio. Esta tecnología, que está detrás de las principales criptomonedas, nace con la seguridad por bandera ya que ésta no es un añadido al sistema, sino que es y forma parte desde su origen.

La principal característica que tiene este sistema es la descentralización. Hasta hoy hemos vivido en sistemas en los que grandes compañías u organizaciones controlaban el flujo de todos los intercambios. Blockchain da un golpe en la mesa y elimina los intermediarios. A priori puede sonar a un hecho con escasa importancia, pero hemos de darnos cuenta de que vivimos en una sociedad en la que los intermediarios han estado presentes desde hace siglos y Blockchain abre la puerta a su extinción, precisamente por esa descentralización.

Desde la llegada de la globalización ya no vivimos en pequeños grupos, no nos conocemos entre nosotros, y hemos necesitado la ayuda de terceros para que validen el intercambio de bienes y datos. Es la forma que hemos encontrado por siglos para asegurarnos que lo que estamos haciendo está respaldado por alguien que genera confianza. Por ejemplo, un banco, el principal símbolo al pensar en economía, es un intermediario que certifica que el dinero que se intercambia entre personas tiene validez, además de dar y controlar su flujo.

Gracias a la tecnología de Blockchain, la confianza siempre está presente de modo que los usuarios, además de custodiar sus propios datos, podrán compartirlos o modificarlos directamente.

Aquí comienza la nueva economía en la que el dinero físico da paso a las unidades de valor o tokens sin la centralización de organismos externos. Según William Mougayar, un token es “una unidad de valor que una organización crea para gobernar su modelo de negocio y dar más poder a sus usuarios para interactuar con sus productos”.

Este nuevo escenario, sin la necesidad de intermediarios, se asemeja al trueque, pero en un mundo digital. Un ejemplo lo podemos ver en la plataforma OpenBazaar, donde los usuarios compran objetos de segunda mano, a cambio de unidades de valor virtual (en este caso los famosos bitcoins) sin pagar comisiones a ningún intermediario. Unas comisiones que comúnmente están destinadas al mantenimiento del tercero, quien aglutina el poder y la información; pero en el caso de OpenBazaar estamos hablando de un software, no es ni tan siquiera una organización la que facilita esta transacción. No es de extrañar que la banca, esté invirtiendo ingentes cantidades de dinero para garantizarse un pastel del negocio que Blockchain hará posible, adaptarse y evolucionar para no desaparecer.

Esta nueva economía puede ser predecesora de otra nueva, la “machine-economy”, donde las propias máquinas sean agentes activos de esta nueva economía y puedan participan en la misma de forma directa. En esta “economía de las cosas” nuestros aparatos del día a día, por ejemplo, nuestra estación meteorológica con un sensor de humedad y temperatura tendrá acceso a la comunidad de máquinas donde podrá intercambiar su información por tokens u otros datos de su interés, como la velocidad del viento, cumpliendo mejor su propósito y dando así un mejor servicio tanto a nosotros como a los demás.

El Blockchain se presenta como una tecnología disruptiva tanto por su seguridad como por su descentralización. Las posibilidades son inmensas, las mismas que los retos que plantea. Actualmente se trata de una tecnología con un desconocimiento social muy profundo que puede causar rechazo por los cambios que conlleva. Por otro lado, se plantea el aspecto legal, ya que una vez que el Blockchain comience a ganar protagonismo y a sustituir aspectos de la vida cotidiana se necesitará una legislación para crear el marco de actuación. Además, también se necesitará de las capacidades tecnológicas para extender este sistema a todos los sectores, no solamente a los actuales donde se están realizando pruebas como el logístico o el energético.

Blockchain ha llegado para quedarse, ahora depende de si la sociedad quiere abrazar el nuevo escenario que nos presenta. Un escenario en el que, pese a las dudas, la seguridad y la empoderamiento individual serán claves.