La clave está en la velocidad de la ejecución
Hay una paradoja crítica en la industria global de centros de datos: la brecha entre la capacidad anunciada y la capacidad realmente construida. Este fenómeno no solo refleja problemas operativos, sino también una transformación estructural en la dinámica competitiva del sector. La demanda sigue siendo robusta, impulsada por la expansión de la nube, los servicios digitales y por supuesto, la inteligencia artificial, pero los cuellos de botella en la ejecución, especialmente en la conexión eléctrica y los permisos regulatorios, han convertido la entrega en el verdadero factor diferenciador. En mercados maduros, donde la capacidad comprometida duplica o triplica la que se materializa, la credibilidad de los operadores se mide ahora en megavatios operativos, no en anuncios. Esto implica un cambio profundo: la industria deja de competir por clientes y empieza a competir por energía, permisos y tiempos de construcción.
Además, la política energética y regulatoria se ha convertido en el eje central de las decisiones estratégicas. Plazos de conexión que alcanzan hasta siete años y normativas medioambientales más estrictas están desplazando el crecimiento hacia mercados secundarios con marcos más garantías. En el caso de España, el impacto es ambivalente. Por un lado, el país cuenta con ventajas estratégicas: abundancia de energía renovable, interconexión con África y Latinoamérica, y hubs en crecimiento como Madrid y Barcelona. Sin embargo, los retos regulatorios y la lentitud en permisos pueden frenar la materialización de proyectos, especialmente en un contexto donde la velocidad de ejecución es crítica.
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