A pesar de que en los últimos años han surgido predicciones sobre la extinción del disco duro, este medio de almacenamiento sigue siendo indispensable en los centros de datos de empresas y proveedores cloud. Y esta situación, no parece que vaya a cambiar en un futuro inmediato.
Aunque los discos duros pueden haber desaparecido de la mayoría de los dispositivos de consumo –y, con ello, de la vista de los usuarios finales–, siguen siendo muy comunes en los centros de datos. Más aún, estos dispositivos soportan la mayor parte de las demandas de almacenamiento de datos, ya que ningún otro medio puede ofrecer el acceso directo y la capacidad necesaria para aplicaciones de IA, streaming de vídeo u otras cargas intensivas de datos, de forman tan económica.
Después de todo, los SSD siguen siendo entre cinco y ocho veces más caros por unidad de capacidad. Incluso si su precio llegara a igualar al de los HDD, harían falta muchas décadas e inversiones enormes para escalar la capacidad de producción al nivel necesario para que los SSD pudieran reemplazar a los discos duros. Esto se debe a la compleja y costosa fabricación de memoria flash en salas limpias.
Por tanto, no solo la mayor parte de la capacidad de almacenamiento instalada en los centros de datos se compone de discos duros, sino que la capacidad añadida recientemente también se basa, en su mayor parte, en este medio de almacenamiento clásico. De acuerdo con datos de la consultora Gartner, en 2024 se suministraron 56 millones de HDD empresariales en todo el mundo, con una capacidad total de 959 Exabytes, es decir, 959 millones de Terabytes y más de cuatro veces la capacidad de los SSD empresariales suministrados en el mismo periodo (59 millones de unidades con una capacidad total de 226 Exabytes).
La razón por la que el disco duro sigue siendo tan demandado casi 70 años después de su debut se debe principalmente a su crecimiento constante en capacidad –en torno a 2 Terabytes por año– mientras mantiene sus costes estables.
En un principio, innovaciones como los discos rellenos de helio y los platos más delgados permitieron aumentar la capacidad. Hoy en día, nuevas tecnologías de grabación como la grabación magnética asistida por microondas (MAMR) y la grabación magnética asistida por calor (HAMR) están impulsando este progreso.
Estas tecnologías utilizan microondas y diodos láser, respectivamente, que reducen la energía magnética necesaria y posibilitan cabezales de escritura más pequeños. Cuanto más pequeños son los cabezales de escritura, mayor es la densidad de almacenamiento de datos y, en consecuencia, la capacidad. Los expertos predicen que, en los próximos años, podrían existir discos de hasta 50 terabytes por unidad.
Además, a pesar de tener partes móviles, los discos duros son notablemente duraderos y eficientes. La tasa de fallos de los HDD empresariales es, típicamente, de alrededor del 0,35%, lo que se traduce en solo siete discos defectuosos al año en un centro de datos con 2.000 unidades en funcionamiento. Los grandes operadores de centros de datos y proveedores cloud suelen lograr tasas de fiabilidad aún mejores.
El consumo de energía de los discos duros también es relativamente constante, con independencia de la capacidad o la carga de trabajo, ya que la mayor parte de la energía se emplea en hacer girar el eje: normalmente entre 7 y 8 W. Para discos de gran capacidad, esto hace que los HDD sean muy eficientes desde el punto de vista energético, consumiendo solo de 0,3 a 0,5 W por Terabyte, comparable al de los SSD de la misma capacidad.
Por otro lado, y aunque a menudo se apunta el bajo rendimiento como una desventaja de los discos duros, esto solo es cierto si se considera una sola unidad. En las arquitecturas de almacenamiento modernas, docenas de discos duros trabajan juntos en arrays, lo que permite operaciones de lectura y escritura en paralelo. De este modo, los sistemas de almacenamiento pueden alcanzar fácilmente tasas de transferencia de 15 GB/s y más de 15.000 IOPS.
En definitiva, los discos duros ofrecen todo lo que los operadores de centros de datos y proveedores cloud valoran: grandes capacidades a bajo coste de adquisición y operación, alta fiabilidad y un rendimiento suficiente para la mayoría de las aplicaciones. Además, cuando el rendimiento no es suficiente, pueden añadirse fácilmente algunos SSD, pero la mayor parte de los datos sigue residiendo en discos.
En conclusión, puede que los discos duros no sean la estrella de los centros de datos –llevan demasiado tiempo existiendo para eso–; en cambio, son los discretos e indispensables caballos de batalla que trabajan de manera fiable en segundo plano. Podemos afirmar con justicia que, sin ellos, nuestro mundo digital dejaría de funcionar.






