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El 2026 marcará un antes y un después en la integración de la IA en las empresas



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Según las previsiones de Jeff Clarke, vicepresidente de Productos y Operaciones de Dell Technologies, la adopción de inteligencia artificial en EMEA ha pasado de proyectos piloto a despliegues a gran escala. Para 2026, el foco ya no estará en probar, sino en integrar la IA en los procesos centrales

Publicado el 21 ene 2026



EMEA acelera la integración de la IA en 2026

Las empresas de EMEA afrontan 2026 con un cambio claro de prioridades. La IA ya no es un complemento, sino un componente operativo que afecta a la toma de decisiones, la atención al cliente y la gestión de infraestructuras. Las juntas directivas exigen impacto en productividad, mientras las áreas técnicas deben responder a presiones energéticas, soberanía del dato y normativas como el RGPD. En este contexto, la velocidad de ejecución se convierte en un factor de diferencia entre compañías.

Estas son las predicciones que definirán el futuro en EMEA este 2026 según Jeff Clarke, vicepresidente de Productos y Operaciones en Dell Technologies:

La velocidad como ventaja operativa

La hiperautomatización de procesos avanza en sectores públicos y privados, con flujos de trabajo que antes requerían horas y ahora se resuelven en segundos. Casos como la atención al cliente, la previsión de demanda o la modelización financiera se apoyan en IA generativa y sistemas de decisión en tiempo real. Esta aceleración no solo reduce tiempos, también redefine expectativas de usuarios y socios.

Sin embargo, la rapidez exige gobernanza de datos y control de riesgos. Las organizaciones que avanzan sin una base sólida afrontan problemas de cumplimiento y costes imprevistos. Por eso, la ventaja no está solo en adoptar antes, sino en escalar con control y trazabilidad, especialmente en operaciones transfronterizas.

Infraestructura híbrida y presión del dato

Gran parte de la infraestructura instalada en la región no fue diseñada para cargas de IA. El crecimiento del dato no estructurado, que ya concentra la mayor parte del volumen, obliga a rediseñar almacenamiento, redes y seguridad. Además, el uso de agentes autónomos en energía y logística incrementa la demanda de rendimiento y disponibilidad.

Para 2026, se consolida un enfoque híbrido: los datos críticos permanecen en entornos propios por seguridad y costes, mientras la nube se utiliza para cargas variables. Las empresas que dependen solo del cloud pueden ver incrementos sostenidos en gasto operativo, lo que refuerza la necesidad de ubicar cada carga en su entorno más eficiente.

A esta presión se suma el crecimiento del consumo de tokens en aplicaciones de IA, especialmente en sectores financieros y administrativos, donde una sola consulta activa múltiples verificaciones. Esto exige una estrategia de pila completa, que integre cómputo, almacenamiento y orquestación para evitar cuellos de botella.

Del edge a la robótica con IA

La IA también se desplaza hacia el edge, con micro modelos que procesan datos en el lugar donde se generan. Este enfoque reduce latencia, consumo energético y dependencia de la conectividad, factores clave en entornos industriales y ubicaciones remotas. Además, refuerza la privacidad y el cumplimiento, al limitar la salida de información sensible.

En paralelo, la robótica con IA avanza hacia sistemas que aprenden por objetivos, no por reglas fijas. Drones y dispositivos autónomos ya se emplean para supervisar infraestructuras y coordinar tareas de mantenimiento, asumiendo trabajos de riesgo o alta repetición. Esto amplía el uso de la automatización más allá de la fábrica y la integra en operaciones distribuidas.

El camino por delante

De cara a 2026, el valor periodístico no está en el anuncio de nuevas tecnologías, sino en el cambio estructural de las operaciones empresariales en EMEA. La IA pasa de ser una herramienta a convertirse en infraestructura funcional, con impacto directo en costes, cumplimiento y capacidad de respuesta. La cuestión ya no es si adoptar IA, sino si las organizaciones están preparadas para integrarla sin comprometer control ni sostenibilidad. En una región marcada por la diversidad regulatoria y energética, la integración, más que la adopción, será el factor que determine quién mantiene el ritmo.

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