Telefónica ha iniciado el despliegue de una red nacional de edge computing basada en mini centros de datos distribuidos por el territorio. La operadora aprovechará alrededor de un centenar de centrales convencionales para alojar esta nueva capa de infraestructura, con la ambición de ofrecer una alternativa competitiva y sostenible para el cómputo distribuido en Europa.
El primer hito es claro: 17 nodos en España. No se trata de grandes hyperscalers concentrados en pocas ubicaciones, sino de capacidad de proceso y almacenamiento más cerca de donde se generan los datos. Esa proximidad es la diferencia crítica frente a la nube tradicional: cuando la distancia cae, la respuesta se acelera, y aparecen casos de uso que antes eran poco viables por latencia, coste de transporte de datos o exigencias regulatorias.
A nivel operativo, las centrales que alojan estos nodos pasan a funcionar como centros de datos de proximidad, con altos requisitos de disponibilidad y condiciones de seguridad diseñadas para su implantación y mantenimiento. En otras palabras: Telefónica reutiliza un activo histórico (su capilaridad física) para construir una red de cómputo distribuida sobre una base que ya tiene desplegada.
Dónde están los nodos y por qué importa la capilaridad
De los 17 nodos previstos, 10 ya están activos: dos en Madrid y uno en Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, Palma de Mallorca, Bilbao, A Coruña y Terrassa (Barcelona). El plan contempla sumar siete más a lo largo de este año en Zaragoza, Las Palmas de Gran Canaria, Valladolid, Gijón, Santa Cruz de Tenerife, Santiago de Compostela y Mérida.
La lista no es anecdótica: dibuja una red que combina grandes áreas metropolitanas con puntos estratégicos para extender la cobertura de baja latencia fuera del eje Madrid–Barcelona. Para empresas y administraciones, esa capilaridad reduce el salto entre probar y operar soluciones intensivas en datos: si la computación está más cerca, el rendimiento es más predecible y el despliegue puede escalar con menos fricción.
Además, el nodo edge actúa como servidor para procesar, analizar y almacenar datos en el borde. Al acercar el cómputo, se evita enviar constantemente información a centros remotos, lo que ayuda a optimizar ancho de banda y a mantener determinados flujos bajo controles geográficos más estrictos, un aspecto especialmente sensible cuando se habla de soberanía del dato.
GPUs como servicio y menos inversión inicial
El movimiento no se limita a poner servidores cerca. Telefónica plantea que estos nodos incorporen capacidades de inteligencia artificial, con un enfoque práctico: permitir que clientes consuman GPUs como servicio. Esto reduce barreras de entrada para organizaciones que quieren adoptar IA, pero no desean asumir la inversión, la complejidad y el ciclo de renovación del hardware especializado.
El valor diferencial es doble: baja latencia (clave para análisis en tiempo real) y control soberano del procesamiento (relevante para sectores regulados o datos sensibles). En términos de mercado, Telefónica busca colocarse en un punto intermedio entre la nube pública global y el centro de datos propio: elasticidad y velocidad, pero con anclaje territorial y gobernanza europea.
En esa línea, Borja Ochoa, presidente de Telefónica España, sitúa el Plan Edge como un salto para estar a la vanguardia europea en tecnología y soberanía del dato, vinculándolo directamente con la transformación digital del país. Por su parte, Sergio Sánchez, director de Operaciones, Redes y TI, destaca la promesa técnica: más capacidad de computación y almacenamiento en el borde, con menor latencia y mayor eficiencia.
Fibra, 5G y un modelo abierto para nuevos casos de uso
La estrategia se completa con la base de conectividad. Telefónica apoya el plan en su despliegue de FTTH en más de 31 millones de unidades inmobiliarias y en una cobertura 5G cercana al 95% de la población, tras el cierre de su red fija de cobre. La combinación (conectividad + cómputo distribuido) es la que habilita servicios avanzados con exigencias de tiempo real.
Entre los casos de uso que se anticipan figuran industria 4.0, conducción asistida, logística, puertos, retail, comunicaciones masivas y gemelos digitales. Y hay un componente estratégico adicional: la compañía defiende un modelo abierto, descentralizado y multiproveedor, orientado a la interoperabilidad y alineado con la hoja de ruta europea Cloud-Edge. El objetivo declarado es reducir dependencia de plataformas fuera de la UE y facilitar que empresas y administraciones desarrollen aplicaciones edge sobre infraestructuras europeas.
En la práctica, el edge deja de ser un concepto y pasa a ser geografía: nodos, ciudades y latencias medibles. La apuesta de Telefónica convierte esa geografía en una propuesta de valor: computación distribuida, IA accesible y dato más cerca, y más controlable, justo cuando la demanda de tiempo real empieza a ser norma y no excepción.






