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Soberanía digital, de estrategia política a imperativo de negocio



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Thales detecta que, a pesar de que el 70% de los expertos identifica a la IA como el mayor riesgo para su información, casi la mitad de la información sensible en la nube carece de cifrado, dejando a las organizaciones en una posición de extrema vulnerabilidad

Publicado el 22 abr 2026



Soberanía digital, de estrategia política a imperativo de negocio
Soberanía digital, de estrategia política a imperativo de negocio

Lo que hace unos años se consideraba una aspiración geopolítica de las instituciones europeas se ha transformado hoy en una pieza clave para la supervivencia y competitividad de las empresas. La soberanía digital ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en un mandato operativo. En un ecosistema legal definido por marcos como la Ley de IA (AI Act), el RGPD o la Directiva NIS2, las organizaciones —con especial énfasis en sectores críticos como la banca, la Administración Pública y la sanidad— han elevado sus estándares. Ya no basta con que los servidores estén ubicados en suelo europeo; ahora la prioridad es el control total sobre la jurisdicción, la identidad de los administradores y las garantías técnicas que blindan la información.

Desde la perspectiva de Thales Cybersecurity Products, la construcción de esta autonomía se basa en una estructura de tres niveles. En primer lugar, la soberanía de datos, que asegura el control sobre su ubicación y protección. En segundo lugar, la soberanía operacional, que busca eliminar las dependencias de proveedores externos que puedan comprometer la continuidad del negocio. Y finalmente, la soberanía de software, que permite a las empresas auditar y supervisar las herramientas que sostienen su infraestructura crítica. Como señala Eutimio Fernández, Regional Sales Manager para Iberia en Thales Cybersecurity Products, este enfoque ha pasado de ser una recomendación técnica a una ventaja competitiva que las propias empresas exigen para garantizar un crecimiento sostenible en la nube.

La IA es un arma de doble filo para la seguridad

El reciente informe Thales 2026 Data Threat Report arroja cifras que invitan a la reflexión. El 70% de los responsables de seguridad identifican a la Inteligencia Artificial como la principal amenaza para la integridad de sus activos. Lo llamativo es que el peligro no proviene únicamente de ciberdelincuentes externos, sino de la propia integración de la IA en los flujos de trabajo internos. Al automatizar procesos de análisis y atención al cliente, los agentes de IA obtienen un acceso masivo a datos corporativos que, en muchas ocasiones, no están debidamente supervisados.

Esta expansión tecnológica choca frontalmente con una realidad preocupante: casi la mitad de los datos sensibles en la nube (47%) siguen sin estar cifrados, y solo una de cada tres organizaciones tiene una visibilidad completa sobre dónde reside su información. La llegada de la IA agéntica marca un punto de inflexión, ya que, si no se establecen controles rigurosos, estos sistemas autónomos podrían exponer información confidencial de forma inadvertida, convirtiéndose en una amenaza interna invisible y difícil de mitigar.

Blindaje tecnológico y gestión de la identidad

Para hacer frente a estos riesgos, el mercado está adoptando principios como el BYOK (Bring Your Own Key). Esta tecnología permite que sean las propias empresas, y no los proveedores de servicios en la nube, quienes custodien las llaves de cifrado. De este modo, se garantiza que ni siquiera el dueño de la infraestructura física pueda acceder al contenido de los datos. Herramientas como la plataforma CipherTrust o los módulos de seguridad Luna HSM de Thales se han vuelto esenciales para establecer una «raíz de confianza» que proteja la información en entornos híbridos y multicloud.

Sin embargo, el cifrado es solo una parte de la ecuación. El eslabón más débil sigue siendo la gestión de identidades. De hecho, el robo de credenciales es el origen del 67% de los incidentes de seguridad en la nube. En este sentido, la gestión de accesos se ha convertido en la primera línea de defensa. La implementación de autenticación multifactor y el uso de passkeys son hoy requisitos indispensables para asegurar que cada transacción digital sea legítima sin entorpecer la experiencia del empleado o del cliente.

Un desafío de escala continental

La urgencia por alcanzar esta soberanía también tiene una lectura macroeconómica. Los datos institucionales de la Comisión Europea muestran una dependencia extrema: mientras que los gigantes tecnológicos estadounidenses gestionan el 92% de los datos de Occidente, el principal operador europeo apenas alcanza una cuota de mercado del 2%.

Ante este desequilibrio, Thales no solo actúa como proveedor, sino como un actor estratégico en iniciativas como GAIA-X o el AWS European Sovereign Cloud. Estos proyectos buscan construir una infraestructura digital de confianza que sea auditable y controlada desde su origen.

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