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2028 o cuando la IA provocó una crisis que nadie anticipó



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No fue un colapso financiero ni una burbuja especulativa. Según un análisis prospectivo de Citrini Research, de cara a 2028, se prevé una crisis derivada de la inteligencia artificial, capaz de sustituir empleo cualificado a gran escala y erosionar el consumo que sostiene la economía global

Publicado el 25 feb 2026

Lucía Bonilla

directora de Data Center Market



2028 o cuando la IA provocó una crisis que nadie anticipó
2028 o cuando la IA provocó una crisis que nadie anticipó

Un informe de la firma de análisis independiente Citrini Research ha encendido el debate sobre el impacto macroeconómico de la inteligencia artificial con un escenario provocador: una crisis global desencadenada no por el fracaso de la IA, sino por su éxito rotundo.

Titulado “The 2028 Global Intelligence Crisis”, el estudio no es una predicción formal, sino un ejercicio hipotético planteado sobre junio de 2028. Su objetivo es explorar un riesgo extremo poco analizado: que una adopción masiva y acelerada de inteligencia artificial termine debilitando la economía real, incluso en un contexto de alta productividad.

Desempleo elevado y mercados en caída

En el escenario descrito, la tasa de desempleo en Estados Unidos alcanzaría el 10,2%, mientras que el índice bursátil S&P 500 acumularía una caída del 38% desde sus máximos de 2026. Lo llamativo, según el informe, es que estos datos negativos conviven con indicadores oficiales de productividad y PIB aparentemente sólidos.

El documento introduce el concepto de “Ghost GDP” o “PIB fantasma”: crecimiento económico registrado en las estadísticas nacionales que no se traduce en ingresos ni consumo para los hogares. La razón es simple pero disruptiva: las máquinas no perciben salarios ni consumen bienes.

El “bucle de desplazamiento de la inteligencia”

El núcleo del análisis es un ciclo de retroalimentación negativa. A medida que la IA sustituye trabajadores cualificados, las empresas reducen costes laborales y protegen márgenes. Sin embargo, el desplazamiento masivo reduce el poder adquisitivo. Con menor demanda, las compañías recurren aún más a la automatización para sostener beneficios, intensificando el proceso.

El resultado, según el estudio, es un deterioro progresivo del consumo —que representa cerca del 70% del PIB estadounidense— y un debilitamiento estructural del tejido económico.

Sectores más afectados

El informe identifica varias áreas especialmente vulnerables:

  • Software y tecnología: herramientas de IA capaces de replicar productos SaaS erosionan precios e ingresos recurrentes.
  • Consumo discrecional: la caída del empleo cualificado impacta en ocio, retail y servicios.
  • Intermediación digital: la IA reduce fricciones en sectores como turismo, inmobiliario y delivery, presionando márgenes.
  • Pagos y finanzas: agentes automatizados favorecen el uso de stablecoins y sistemas blockchain, debilitando modelos tradicionales basados en comisiones.

De disrupción sectorial a riesgo sistémico

Inicialmente, los mercados interpretan el fenómeno como una transformación limitada al sector tecnológico. Sin embargo, el estudio sostiene que la economía estadounidense, altamente dependiente de servicios cualificados, amplifica el impacto.

La pérdida de ingresos esperados afecta al consumo, al crédito hipotecario y a valoraciones financieras. La crisis, en este escenario, no surge por baja productividad, sino por una desconexión entre creación de valor tecnológico y distribución de ingresos.

Debate abierto

Desde su publicación, el informe ha generado reacciones divididas. Algunos economistas lo consideran excesivamente especulativo y contrario a la lógica histórica de que la innovación impulsa el crecimiento y la creación de empleo. Otros valoran que ponga sobre la mesa los riesgos estructurales asociados a una automatización sin mecanismos de redistribución.

En cualquier caso, el trabajo de Citrini Research no pretende anticipar el futuro, sino provocar una discusión incómoda: qué ocurriría si la inteligencia artificial transforma la economía más rápido de lo que las instituciones, los mercados laborales y las políticas públicas pueden adaptarse.

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