ENTREVISTAS

Isidro Ramos: “No basta con diseñar un buen data center: hay que pensar en cómo se va a operar”


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Charlamos con Isidro Ramos, socio director de AEON Ingeniería, que conoce bien el sector desde múltiples perspectivas: la de la ingeniería, pero también la de la operación, la auditoría y la certificación

Publicado el 4 sept 2026

Lucía Bonilla

directora de Data Center Market



Isidro Ramos, socio director de AEON Ingeniería.
Isidro Ramos, socio director de AEON Ingeniería.



España atraviesa uno de los momentos de mayor crecimiento de su historia en materia de centros de datos. La llegada de nuevos cables submarinos, el despliegue de las grandes nubes y, más recientemente, el impulso de la inteligencia artificial han situado al país en el radar internacional de la inversión en infraestructura digital. Pero este crecimiento también plantea importantes retos: disponibilidad de energía, desarrollo de la red eléctrica, sostenibilidad, velocidad de despliegue, talento y, sobre todo, la necesidad de diseñar pensando en cómo se va a operar el centro de datos durante toda su vida útil.

Isidro Ramos, socio director de AEON Ingeniería, conoce el sector desde una perspectiva poco habitual: la de la ingeniería, pero también la de la operación, la auditoría y la certificación. En esta entrevista con Data Center Market reivindica el valor de la experiencia acumulada a la hora de tomar decisiones de diseño y advierte de los riesgos de construir hoy con criterios de hace años. También analiza el impacto de la IA, el papel de la refrigeración líquida, el aprovechamiento del calor residual, el verdadero valor de las certificaciones y el reto del talento.

El crecimiento que está teniendo España es, en cierto modo, similar al que se está produciendo en todo el mundo. No es algo excepcional en ese sentido. El crecimiento de los centros de datos va a continuar y España parte de una posición especialmente favorable.

Tenemos una ubicación privilegiada por la llegada de cables submarinos, por nuestra posición como puente tanto hacia Europa como hacia África y porque contamos con una capacidad de generación renovable muy importante. Estamos en Europa, somos un país del primer mundo y todos esos factores hacen que España esté en el punto de mira.

Ahora bien, cuando decimos que tenemos energía de sobra hay que matizarlo. No es exactamente así. Tenemos una capacidad de generación que actualmente está muy por encima del consumo, pero eso no significa que tengamos garantizada la energía que necesitan los centros de datos si la demanda se dispara. Es algo que ya hemos visto en otros mercados. En Irlanda, por ejemplo, durante un tiempo había capacidad de generación suficiente y, cuando comenzaron a construirse centros de datos, la demanda terminó superando la oferta. Eso mismo podría sucedernos a nosotros.

Por eso creo que tenemos que hablar de generación estable y asegurada. Y aquí entra también el debate sobre la energía nuclear. Desde muchos puntos de vista, no tiene sentido que un país como España, que dispone de generación nuclear, se plantee prescindir de una fuente que representa aproximadamente el 20% de su generación.

Es una cuestión que debemos analizar con visión de largo plazo. Lo que está ocurriendo en Francia es un buen ejemplo: cuando están poniendo en marcha nuevas centrales nucleares, se está hablando con grandes compañías tecnológicas como Microsoft, Amazon o Google porque esa energía va a soportar buena parte de la economía digital. No debería plantearse como una energía que genere rechazo, sino como una cuestión estratégica.

La red tiene que desarrollarse de acuerdo con la demanda. Es cierto que se han hecho pocas inversiones en red, pero también es cierto que hasta ahora no había una demanda como la que estamos viendo. Evidentemente hacen falta inversiones, pero tampoco debemos pensar que es un problema excepcional de España. Desarrollar una red eléctrica no se hace de un día para otro en ningún lugar del mundo.

Cuando alguien pone como ejemplo otro país diciendo que allí pides potencia y enseguida la tienes, eso no es verdad. Hace falta planificar, desarrollar proyectos y construir. Y hay también una cuestión relacionada con cómo se retribuyen esas inversiones. Son inversiones a largo plazo y su rentabilidad condiciona la velocidad a la que se acometen.

Pero hay otra cuestión todavía más importante: ¿para quién construimos la red? No podemos pensar únicamente en el centro de datos. Si un operador necesita 400 MW, no podemos plantear que toda la red se construya exclusivamente para llevar esos 400 MW hasta su parcela. Hay otras necesidades: hospitales, viviendas, industria, generación, almacenamiento… Por tanto, tenemos que decidir con qué criterio debe crecer la red y asumir que el centro de datos forma parte de un sistema mucho más amplio.

El principal reto no es tener capacidad de generación, sino garantizar energía firme para los centros de datos

En este momento, los centros de datos están prácticamente los últimos de la lista cuando hablamos de prioridades de suministro. Primero están otras necesidades, como hospitales o vivienda, y también generación y almacenamiento.

Quizá una de las cuestiones que debería plantearse el sector es cómo subir en ese escalafón. Y para ello hay que explicar mejor qué aporta un centro de datos: su relación con la economía digital, la soberanía del dato, la disponibilidad de los servicios, la inversión que genera tanto en infraestructuras como posteriormente en operación…Hay que transmitir que los centros de datos son una parte esencial de la infraestructura que soporta la economía digital. Ese mensaje tiene todo el sentido.

Creo que aquí tenemos que cambiar un poco el planteamiento. Un centro de datos consume energía, produce servicios digitales y desprende calor. Y ese calor actualmente, en muchos casos, lo tiramos y no lo aprovechamos. La posición de “yo no me dedico al mundo del calor, ese no es mi problema” me parece equivocada. Eso no significa que los centros de datos tengan que construir redes de calor. No es su trabajo. Pero sí deberían postularse como puntos en los que existe calor disponible y aprovechable.

Además, vamos a ver continuamente normativa europea relacionada con la descarbonización, especialmente en los sectores de refrigeración y calefacción. Por eso hay que tener una visión de largo plazo. A veces el sector piensa: “Esto me va a retrasar el proyecto”. En el corto plazo, puede ser cierto. Pero si conseguimos desarrollar redes de calor y hacemos que los centros de datos estén preparados para conectarse a ellas, será mucho más sencillo incorporar estos centros a esas redes en el futuro. Es el mismo planteamiento que con la energía nuclear: quizá en el corto plazo parezca que no es nuestra “guerra”, pero en el largo plazo sí lo es.

Precisamente, tenemos encima de la mesa en fase de audiencia e información pública el Real Decreto por el que se regulan los requisitos de sostenibilidad energética, medioambiental y de resiliencia y soberanía digital aplicables a los centros de datos (26/8/2026) y, hasta donde hemos podido ver, no hay ni una palabra de este tema, cuando podría plantearse perfectamente como una alternativa a lo que se busca, y específicamente, a la descarbonización de los sistemas de calefacción que representan más del 50% del consumo energético. Me parece más sensato invertir en redes de frío y calor que en generación renovable adicional cuando no se puede aprovechar la existente.

Hemos trabajado en proyectos de potenciales redes de calor y hemos estudiado muchos centros de datos. Lo que nos hemos encontrado es que prácticamente cada CPD es diferente. Se han construido en momentos distintos y con tecnologías diferentes, y eso tiene implicaciones en la forma de conectarse.

En general, no es un problema grave desde el punto de vista del centro de datos. El problema está más en la propia red, que además no tiene por qué ser únicamente una red de calefacción. Puede ser una red de frío y calor, y ahí aparece un intercambio muy interesante: el centro de datos puede entregar calor y, al mismo tiempo, aprovechar determinadas posibilidades de refrigeración.

Hay, eso sí, una excepción importante relacionada con el agua. Cuando hablamos de sistemas de refrigeración que consumen agua, es decir, que la evaporan, tenemos un problema especialmente relevante en España. Utilizar agua en un sistema cerrado es una cosa; consumirla y evaporarla es otra. Desde el punto de vista de España, donde el agua es un recurso especialmente sensible, creo que deberíamos ser mucho más exigentes.

Me llama la atención que algunas cuestiones se conviertan en grandes tabúes y otras no. A veces se habla de la energía nuclear como si fuera el gran problema y, sin embargo, se relativiza el consumo de agua. Personalmente, me parece mucho más preocupante gastar agua cuando no es necesario.

La pregunta es muy pertinente porque todos tenemos mucha prisa. Pero cuando analizas realmente los tiempos de un proyecto, desde que comienza hasta que empieza a construirse, aparece algo muy interesante. Tradicionalmente ha existido la tentación de sacar un proyecto “del cajón”. Es decir, coger un proyecto que ya se ha hecho en otro sitio y reutilizarlo. Muchas veces se piensa: “¿Quién va a saber más de esto que los americanos?”. Pero ese planteamiento no tiene demasiado sentido.

Imaginemos que cogemos un proyecto que ya se ha construido. Si la construcción empezó hace tres años, probablemente el proyecto se concibió tres años antes. Es decir, estamos trabajando con unos requerimientos que tienen seis años. Si después nosotros tardamos otros tres años en desarrollar y construir el siguiente proyecto, podemos acabar inaugurando un centro de datos basado en criterios que tienen nueve o doce años.

Y eso ha ocurrido. En algún momento alguien se pregunta: “¿Qué ha pasado? ¿Por qué este proyecto ya no vale?”. Pues porque es un proyecto concebido hace doce años.

En los últimos dos años esto se ha acelerado todavía más. Los requerimientos cambian muy rápidamente. Estamos todos pendientes de NVIDIA y de sus últimas tecnologías, pero hay vida más allá de NVIDIA. Hay muchas otras tecnologías y muchas otras cosas que pueden aparecer. Por eso hablamos tanto de diseño flexible. Pero la pregunta es: ¿dónde está la línea entre un diseño flexible y un diseño indefinido? No es sencillo.

Las últimas decisiones, en muchos casos, tienen que tomarse en fases finales del proyecto. Para poder hacerlo necesitas flexibilidad, pero para tener flexibilidad necesitas criterio. Y para tener criterio necesitas haber hecho mucho diseño y haber acumulado mucha experiencia.

Al final, muchas veces todo depende de pequeños detalles que, individualmente, parecen poco importantes, pero que en conjunto hacen que algo esté bien o mal hecho

Sí. El gran valor de la ingeniería muchas veces es el tiempo. No solamente el tiempo que tardas en hacer un proyecto, sino el tiempo de reflexión y de experiencia acumulada que hay detrás de las decisiones.

Cuando tomamos una decisión en un momento determinado del proyecto, somos capaces de ahorrar mucho tiempo porque ya hemos pasado por situaciones similares. Sabemos dónde podemos ganar y dónde podemos perder. Es un valor añadido muy importante y, sin embargo, muy difícil de percibir y de valorar económicamente. ¿Cómo valoras el tiempo que le vas a ahorrar a un cliente? Además, ese cliente probablemente no va a saber a priori que se lo has ahorrado. El que sabe valorar ese conocimiento lo acaba valorando y se asegura de trabajar contigo.

Isidro Ramos, socio director de AEON Ingeniería.: “No basta con hacer un buen proyecto. Hay que pensar en cómo va a evolucionar y cómo se va a operar durante toda su vida útil”
Isidro Ramos, socio director de AEON Ingeniería.: “No basta con hacer un buen proyecto. Hay que pensar en cómo va a evolucionar y cómo se va a operar durante toda su vida útil”

Hay centros de datos que se están terminando ahora en los que se han aplicado criterios de diseño procedentes de hyperscalers. Y existe una cierta idea de que, si el hyperscaler lo hace así, tiene que ser correcto porque es quien más sabe. Pero no necesariamente es así.

Incluso los hiperescalares tienen sus propias restricciones derivadas de su escala. Por ejemplo, necesitan construir centros de datos iguales. Pero puede llegar un momento en el que ese estándar debería haber cambiado y no ha cambiado porque no se ha tenido suficiente agilidad.

Y hay otra cuestión: quien está haciendo el proyecto tiene que tener el valor de decirle al cliente que quizá su criterio no es el adecuado. Cuando tienes muchos años de experiencia puedes aportar un criterio que quizá no está dentro de la propia estandarización del hyperscaler. No se trata de decir que el cliente no sabe, sino de aportar ese siguiente paso de conocimiento y experiencia que permite cuestionar una decisión cuando es necesario.

La “madre de todas las batallas” de un buen proyecto es que cumpla los requerimientos del cliente. Parece una perogrullada, pero la cuestión fundamental es definir cuáles son esos requerimientos. Y esa definición es mucho más importante de lo que parece.

Por ejemplo, puede llegar un hyperscaler que diga: “Yo estandarizo y hago los centros de datos de esta manera”. Esa estandarización forma parte de sus requerimientos, pero hay que discutir hasta qué punto realmente es un requerimiento que no pueda cuestionarse.

Es como hacerse un traje. Puedes pensar que quieres un traje azul marino y, de repente, alguien te enseña otro modelo que te queda mejor. Tú tenías un requerimiento inicial, pero alguien con conocimiento puede ayudarte a redefinirlo para conseguir un resultado mejor.

A partir de ahí, todas las demás métricas —CAPEX, OPEX, eficiencia— entran en juego. Si tus requerimientos son unos determinados, la inversión necesaria para cumplirlos es la que es. Si el CAPEX supone un problema, habrá que modificar alguna cosa, pero hay que saber qué se pierde a cambio. Puedes reducir CAPEX utilizando una solución menos eficiente, pero entonces has de ser consciente de que estás perdiendo eficiencia. Es una decisión y hay que conocer todas sus consecuencias.

Por eso un buen proyecto afecta al CAPEX, al OPEX, a la eficiencia y a todo lo demás.

Es uno de los puntos críticos. Tradicionalmente se hace el proyecto, se construye y se entrega para que después otro equipo lo opere. Y en ese momento aparecen cuestiones relacionadas con la monitorización y el control del centro de datos.

Muchas veces se piensa: “Esto ya lo resolverá el equipo de operación”. Pero puedes acabar entregando al equipo de operación un problema enorme. Dependiendo de cómo hayas hecho el proyecto, la monitorización y el control pueden ser sencillos o extremadamente complejos. Nuestra experiencia en operación es importante precisamente porque cuando hacemos la ingeniería estamos pensando en la persona que va a estar allí operando el centro.

Un centro de datos puede tardar años desde que empiezas a pensarlo hasta que lo entregas. Es una inversión enorme. Pero la verdadera prueba de por qué ese activo vale lo que vale comienza el día en que empieza a funcionar. Ahí es donde tienen que aflorar la disponibilidad y la eficiencia. Pero para convertir la disponibilidad y la eficiencia diseñadas en resultados reales hay que operar correctamente. Si no, toda la inversión realizada pierde buena parte de su sentido.

Al final, muchas veces todo depende de pequeños detalles que, individualmente, parecen poco importantes, pero que en conjunto hacen que algo esté bien o mal hecho

Hay una parte muy importante que tiene que ver con la optimización de la operación. Cuando introduces refrigeración líquida tienes que optimizar el sistema de refrigeración y para ello necesitas conocer cómo funciona todo el sistema y cuáles son sus puntos de funcionamiento. Nosotros llevamos años trabajando en aspectos como las redes de calor y los intercambiadores. El cálculo y la optimización de intercambiadores, estén donde estén, es una de las claves para optimizar la refrigeración.

El problema es que mucha gente todavía no sabe de qué estamos hablando. En parte porque hay poca gente operando este tipo de sistemas y, además, todavía no existe suficiente demanda por parte de los operadores porque muchas veces ni siquiera saben que estas posibilidades existen.

Cuando un fabricante dice que una determinada solución resuelve un problema, hay que matizarlo. Esa solución resuelve una parte del problema. No es lo mismo instalarla en el centro de datos A que en el B o en el C. Tampoco es igual dependiendo de la carga. Existe todo un proceso de optimización detrás. Y ahí está precisamente el reto: no se trata simplemente de instalar una tecnología, sino de saber cómo operar y optimizar el sistema una vez instalado.

En centros de datos de muchos megavatios, pequeñas mejoras multiplicadas por toda esa capacidad pueden representar cantidades importantes de ahorro. Pero para conseguirlas hay que saber cómo trabajar.

La IA es una gran disrupción. En España hemos visto diferentes etapas. Primero llegaron los cables submarinos, después empezaron a desplegarse las nubes de Amazon, Microsoft y Google, y ese crecimiento ya era muy importante. Después apareció la inteligencia artificial y vino, en cierto modo, a “comerse” toda la energía disponible.

Ahora bien, tenemos que tener cuidado con pensar que conocemos perfectamente el roadmap de la tecnología. Venimos del mundo de las tecnologías de la información y una de las cosas que la tecnología nos ha demostrado es que sigue avanzando y que los roadmaps se pueden truncar de repente por una disrupción. Eso es algo bueno, pero implica que no debemos diseñar pensando que sabemos exactamente cómo será el futuro.

Hay, además, otra reflexión interesante sobre la propia IA. Ahora mismo estamos viendo una especie de “fuerza bruta”: grandes cantidades de datos y grandes consumos de recursos. Pero pueden aparecer nuevas formas de hacer las cosas. Ocurrió con las máquinas de escribir eléctricas: se hicieron enormes inversiones en fábricas porque parecía que ese era el futuro, y después apareció el PC y muchas de aquellas inversiones dejaron de tener sentido. No sabemos si puede ocurrir algo parecido con la IA.

Lo que sí sabemos es que, aunque cambie la tecnología, vamos a seguir necesitando infraestructura digital. De una forma u otra necesitaremos energía y comunicaciones. Podemos conseguir una tecnología un 50% más eficiente, pero si con ella hacemos muchas más cosas, terminaremos consumiendo más recursos.

Por eso los centros de datos van a seguir siendo necesarios. Son la infraestructura física que sostiene el mundo digital.

Hay un tópico alrededor de las certificaciones que dice: “La certificación no sirve para nada porque yo ya me sé cómo funciona esto”. Nosotros probablemente somos de las empresas que más revisiones y auditorías de centros de datos hemos hecho, y además lo hemos hecho muchas veces de manera muy discreta.

Y puedo asegurar que es posible encontrar fallos en muchos centros de datos. Fallos que impedirían cumplir una certificación. Cuando te encuentras con esto, te das cuenta de que ese proyecto probablemente no ha pasado por un proceso de certificación. Y no hablamos de pequeñas cosas. Cuando nosotros revisamos un data center no estamos buscando una pequeña anomalía. Buscamos cuestiones importantes, cosas que pueden llegar a provocar una parada.

Por eso sí confío en las certificaciones. Otra cuestión es que algunos clientes decidan no certificarse. Si el cliente no lo considera oportuno, puede ser perfectamente válido. Pero hay una diferencia entre que algo cumpla formalmente y que realmente funcione como debería durante la operación.

Ahí existe un debate interesante sobre determinados niveles de Tier y sobre qué significa realmente cumplirlos. Hay cosas que no se pueden comprobar únicamente mirando el plano. Se producen después, durante la operación, y pueden no aparecer ni siquiera en una prueba puntual.

El error humano existe en cualquier actividad humana. Lo que me hace gracia es que, cuando ocurre, inmediatamente buscamos al culpable: “Ha sido el que ha tocado el interruptor”. Puede ser que esa persona se haya equivocado, pero quizá no hemos diseñado el sistema de forma que resulte suficientemente difícil equivocarse.

Por eso hablar simplemente de “talento” me parece un poco extraño. Muchas veces estamos hablando de formación y de entrenamiento. En España tenemos buenos ingenieros y profesionales con una buena formación profesional. Lo que necesitan es tiempo para aprender a hacer lo que tienen que hacer.

Lo que no existe es el ingeniero que mañana puedas contratar y que sepa diseñar un centro de datos de principio a fin y, además, conozca todos los problemas que tendrá durante su operación. Ese profesional no existe. Lo que hay que hacer es construir un ecosistema alrededor de las personas para que vayan aprendiendo contigo y acumulando experiencia.

Es importante que las personas estén en distintos lados del ecosistema porque eso les permite percibir cosas diferentes. La formación es fundamental, pero también lo son la experiencia y el entrenamiento. Estamos ante un sector relativamente nuevo y no podemos pretender que exista una generación completa de profesionales con décadas de experiencia específica.

Cuando nosotros revisamos un data center no estamos buscando una pequeña anomalía. Buscamos cuestiones importantes, cosas que pueden llegar a provocar una parada. Por eso sí confío en las certificaciones

Hay una cuestión importante: puedes tener un proyecto magnífico, pero después alguien tiene que ejecutarlo. Puedes hacer un proyecto excelente, con una especificación muy buena, pero si durante la ejecución alguien no presta atención a los detalles, hay un problema. Al final, muchas veces todo depende de pequeños detalles que, individualmente, parecen poco importantes, pero que en conjunto hacen que algo esté bien o mal hecho.

Por eso hemos acabado haciendo también dirección de obra. Y aquí aparece otro problema: entre que haces el proyecto y llega el momento de construirlo pueden haber cambiado los requerimientos. Imagina que haces el proyecto hace tres años. Cuando llega la obra, los requerimientos han cambiado y hay que modificar el proyecto. ¿Quién lo hace? Muchas veces la dirección de obra.

Además, actualmente hay una escasez de determinados perfiles con experiencia en obra. Por ejemplo, hay pocos jefes de obra con experiencia específica en este tipo de proyectos. Y eso hace que, desde la dirección de obra, a veces tengas que corregir cuestiones que teóricamente debería dominar quien está ejecutando.

Para una persona que visita un centro de datos no siempre será sencillo detectar esos problemas porque muchas veces quedan ocultos. Pero hay detalles que sí pueden darte pistas. Por ejemplo, a mí un centro de datos sin suelo técnico me da cierta desconfianza. No porque necesariamente esté mal, sino porque me hace pensar que quizá no se han considerado suficientemente las etapas posteriores de la vida del data center. Y ese es precisamente el concepto que para mí está detrás de todo esto: no basta con hacer un buen proyecto. Hay que pensar en cómo va a evolucionar y cómo se va a operar durante toda su vida útil.

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