Los centros de datos son la base de nuestro universo digital, ya que impulsan tanto la computación en la nube como la IA. Sin embargo, esta capacidad tiene un coste: un consumo energético considerable, vinculado en gran medida a los sistemas de refrigeración. A medida que se incrementa la demanda de computación, también crece la urgencia de encontrar soluciones más eficientes y sostenibles
La IA está impulsando un consumo más inteligente y eficiente
Los centros de datos representan aproximadamente el 1% del consumo energético total mundial, según la International Energy Agency. Con el rápido crecimiento de la IA, el Edge computing y las redes 5G, se prevé que esta cifra aumente en los próximos años. Los sistemas de refrigeración por sí solos pueden llegar a consumir entre el 30% y el 40% de la energía de un centro de datos, lo que los convierte en un área prioritaria de mejora.
La IA está transformando esta realidad al introducir soluciones inteligentes, adaptables y automatizadas que optimizan las condiciones y minimizan el consumo de energía. Una de sus aplicaciones más relevantes es la eficiencia energética: a medida que aumentan las cargas de trabajo de la IA, los centros de datos se enfrentan a un incremento de la demanda energética y de las emisiones asociadas. En Europa, por ejemplo, se espera que el consumo casi se triplique, pasando de los aproximadamente 62 teravatios-hora (TWh) actuales a más de 150 TWh para finales de la década.
Además, los sistemas basados en IA responden en tiempo real a las condiciones ambientales externas. Ajustan las estrategias de refrigeración en función del clima, la humedad y la temperatura del momento, lo que garantiza un uso energético más racional y sostenible sin comprometer el rendimiento de la computación. Este enfoque permite avanzar hacia centros de datos más resilientes, capaces de anticiparse a la variabilidad de la demanda y adaptarse a escenarios cada vez más exigentes.
Soluciones de refrigeración: por aire, líquida e híbrida
Para satisfacer estas necesidades, los centros de datos están adoptando una combinación de soluciones de refrigeración:
- Refrigeración por aire: Es el método más tradicional y todavía lo utiliza el 99 % de los centros de datos en alguna medida, según un análisis llevado a cabo por Dell en abril de 2025. Funciona con ventiladores, disipadores de calor y circulación de aire para controlar la temperatura de componentes como procesadores y memoria. Se han desarrollado técnicas como los pasillos fríos/calientes o la zonificación inteligente, que ayudan a optimizar el flujo de aire. Su atractivo principal es el bajo coste y la facilidad de mantenimiento, pero presenta limitaciones: es menos eficiente energéticamente, depende mucho de sistemas HVAC y resulta insuficiente para las cargas de trabajo de IA de alta densidad.
- Refrigeración líquida: La refrigeración líquida directa (DLC) lleva el refrigerante directamente a componentes críticos como CPU y GPU mediante placas frías. Gracias a la mayor conductividad térmica del líquido, disipa más calor con menor consumo. También permite configuraciones de mayor densidad, reduce el ruido al minimizar ventiladores y mejora la eficiencia energética en un 40–50%, según un estudio de MarketsandMarkets. El mercado europeo de esta tecnología alcanzará los 8.880 millones de dólares en 2034, con un crecimiento anual superior al 22%, según ResearchandMarkets. Un ejemplo destacado es Dawn, la supercomputadora de IA más rápida del Reino Unido, que gracias a la refrigeración líquida avanzada logró una PUE de 1,14, demostrando cómo estas soluciones permiten simultáneamente mayor rendimiento y menor huella energética.
- Sistemas híbridos: Integran refrigeración líquida directa en componentes prioritarios como CPU y GPU, y mantienen refrigeración por aire para el resto. De este modo se gestionan cargas térmicas muy elevadas, incluso de 80 kW por rack. Aunque la refrigeración totalmente líquida puede ser más eficiente, eleva los costes, complica el mantenimiento y obliga a sustituir piezas con cada nueva generación de hardware. Por ello, la opción híbrida se está consolidando como una vía intermedia que equilibra eficiencia, flexibilidad y sostenibilidad.
Un aspecto clave es que la adopción de estas tecnologías no se produce de forma aislada, sino en combinación con objetivos de sostenibilidad cada vez más ambiciosos. Muchas empresas están alineando sus estrategias de refrigeración con compromisos de neutralidad en carbono y con regulaciones europeas más estrictas en materia de eficiencia energética. En este contexto, la IA no solo ayuda a reducir el consumo, sino también a monitorizar y reportar en tiempo real indicadores de sostenibilidad, lo que facilita el cumplimiento normativo y la transparencia ante clientes e inversores.
IA y refrigeración: un enfoque más inteligente
La demanda de los centros de datos no para de crecer, al igual que la necesidad de soluciones de refrigeración innovadoras. Al adoptar estrategias de refrigeración basadas en IA, las empresas pueden reducir el consumo energético, los costes operativos y alcanzar sus objetivos de sostenibilidad sin comprometer el rendimiento. Ahora es el momento de adoptar tecnologías más inteligentes basadas en IA que garanticen que los centros de datos puedan impulsar nuestro mundo digital de forma responsable.






