OPINIÓN

Del hosting rentable al data center estratégico: dónde se mueve ahora el valor digital


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La inteligencia artificial no está matando el hosting, pero sí está redefiniendo su futuro. Mientras los inversores rebajan sus expectativas sobre este negocio, los data centers emergen como el gran activo estratégico de la nueva economía digital

Publicado el 17 sept 2026



Joshua Novick, socio de Bondo Advisors, consultora boutique especializada en operaciones de M&A en tecnología, software y MKT Media
Joshua Novick, socio de Bondo Advisors, consultora boutique especializada en operaciones de M&A en tecnología, software y MKT Media



Durante más de dos décadas, el hosting fue una de las mejores vacas lecheras de la infraestructura digital. Un negocio poco visible, pero muy atractivo para compradores industriales y fondos: ingresos recurrentes, clientes diversificados, baja rotación, márgenes sanos y una conversión de EBITDA a caja especialmente elevada. La inteligencia artificial no ha destruido ese modelo. Pero sí está cambiando su tesis de crecimiento. Y, al mismo tiempo, está desplazando parte del capital hacia una infraestructura mucho más intensiva, escasa y estratégica: los data centers.

El hosting sigue dando caja, pero el mercado ya no compra la misma historia

El modelo tradicional era sencillo. Miles de empresas, profesionales y pymes necesitaban un dominio, alojamiento web, correo electrónico, una web corporativa o una tienda online básica. Una vez contratado el servicio, el cliente rara vez cambiaba de proveedor. El coste era lo suficientemente bajo como para que la inercia jugara a favor del hoster.

Por eso el hosting fue durante años un negocio previsible, fragmentado y con una base amplia de pequeños clientes recurrentes. En España, Arsys y Acens protagonizaron una primera fase de integración. Después llegaron grupos internacionales y plataformas respaldadas por capital privado como Total Webhosting Solutions, Team.blue, Miss Group o Grupo Aire, siguiendo una lógica muy parecida: comprar carteras, integrar operaciones, aumentar el ingreso medio por usuario y volver a comprar.

El contexto, sin embargo, ha cambiado. No porque el hosting haya dejado de ser rentable, sino porque el mercado empieza a descontar que su posición en la cadena de valor digital será distinta en los próximos años.

Los datos de las cotizadas reflejan bien esa lectura. GoDaddy pasó de una capitalización bursátil de 28.600 millones de dólares a cierre de 2024 a 10.000 millones en 2026. Wix cayó de 12.900 millones a 1.700 millones, una caída de más del 87% en año y medio. Tucows continuó descendiendo hasta solo 150 millones. IONOS es la excepción en capitalización, al seguir subiendo hasta 4.200 millones, aunque su acción corrigió desde unos 42 euros en septiembre de 2025 hasta alrededor de 27 euros.

No es la fotografía de un negocio muerto. Es la fotografía de un mercado que ya no compra la misma historia de crecimiento.

Hostings cotizados: evolución de la capitalización bursátil
Capitalización bursátil de GoDaddy, Wix, Tucows e IONOS. Fuente: M&A Sin Rodeos.

La explicación más extendida es que la inteligencia artificial puede erosionar una parte relevante del negocio tradicional. Durante años, muchas plataformas de hosting y creación web construyeron su propuesta de valor alrededor de plantillas, CMS, constructores visuales y paquetes cerrados para crear una web sin conocimientos técnicos. Pero la IA generativa empieza a cuestionar esa capa intermedia.

Hoy, una empresa puede describir lo que necesita y generar una web o una aplicación sencilla con herramientas de IA. Plataformas como Vercel, Lovable, Framer, Base44 o Macaly han crecido precisamente en ese espacio, ofreciendo nuevas formas de crear, desplegar y modificar productos digitales a partir de lenguaje natural. El embudo tradicional, dominio, hosting, plantilla y publicación, empieza a comprimirse.

Algunos datos ayudan a entender el cambio de percepción. Vercel ha alcanzado una valoración de 9.300 millones de dólares. Lovable ha superado los 500 millones de dólares de ARR. Framer levantó 100 millones de dólares en agosto de 2025 a una valoración de 2.000 millones, con un ARR camino de los 100 millones a finales de 2026.

Ahora bien, conviene no confundir riesgo de disrupción con desaparición inmediata. GoDaddy cerró el primer trimestre de 2026 con ingresos de 1.270 millones de dólares, un 6% más que el año anterior, y un margen operativo ajustado del 24,5%. IONOS creció un 7,6% en ingresos a tipo de cambio constante y sumó 180.000 clientes netos. Wix, pese al castigo bursátil, elevó sus ingresos un 14% y situó su facturación recurrente anual por encima de los 1.900 millones de dólares.

La cuestión, por tanto, no es si el hosting ha muerto. No lo ha hecho. La cuestión es cuánto tiempo seguirá siendo igual de atractivo, quién podrá adaptarse al nuevo entorno y qué tipo de activos serán más valorados en la siguiente fase de consolidación.

Para los grandes operadores, la respuesta pasa por incorporar nuevas capas de valor. GoDaddy ha desarrollado Airo, su constructor con IA. Wix compró Base44 por 80 millones de dólares en junio de 2025, y el ARR de esa plataforma pasó de tres millones en el momento de la compra a 150 millones once meses después. Team.blue, por su parte, adquirió Macaly en diciembre de 2025.

El reto es mayor para los hosters pequeños y medianos. Muchos no tienen capacidad financiera para desarrollar una capa propia de inteligencia artificial ni para comprar tecnología diferencial. Tampoco serán, salvo excepciones, la plataforma recomendada por defecto por los nuevos entornos de desarrollo asistido por IA. Su capacidad de captar nuevos clientes puede verse limitada, aunque su cartera actual siga siendo valiosa durante años.

Ahí aparece una paradoja interesante desde el punto de vista del M&A. El hosting tradicional puede perder atractivo como historia de crecimiento, pero seguir siendo muy interesante como activo de caja. Una cartera diversificada de clientes, con baja rotación, pagos recurrentes y servicios críticos para miles de pequeñas empresas, sigue teniendo valor para operadores que quieran ganar volumen, base instalada y capacidad de monetización cruzada.

La consolidación, por tanto, no ha terminado. Lo que cambia es la tesis de inversión. Antes se compraba hosting para crecer en un mercado en expansión. Ahora se compra, cada vez más, para capturar caja, clientes y capilaridad comercial mientras se construyen nuevas capas de servicios digitales.

De hecho, el número de operaciones europeas en webhosting tocó techo en 2021, con 76 transacciones. Después se moderó hasta 39 en 2023, repuntó a 57 en 2024 y volvió a caer a 47 en 2025. No es la fotografía de un mercado muerto, pero sí la de un mercado más maduro, con menos activos medianos disponibles y compradores más selectivos.

Operaciones de M&A en webhosting en Europa. Fuente: M&A Sin Rodeos
Operaciones de M&A en webhosting en Europa. Fuente: M&A Sin Rodeos

El capital mira hacia los data centers

Mientras tanto, parte del capital está mirando hacia otra infraestructura mucho más intensiva, más escasa y estratégica: los data centers.

Si el hosting fue la vaca lechera de la primera ola de internet, los centros de datos se están convirtiendo en uno de los activos esenciales de la nueva economía digital. La inteligencia artificial, el cloud, el edge computing, la digitalización empresarial, el vídeo, la ciberseguridad, el almacenamiento de datos y la automatización están aumentando de forma estructural la demanda de capacidad de procesamiento, conectividad y almacenamiento.

A diferencia del hosting tradicional, donde la barrera de entrada era relativamente baja, los data centers exigen suelo, energía, refrigeración, conectividad, permisos, inversión intensiva en capital y una capacidad operativa muy especializada. No basta con tener clientes. Hay que tener ubicaciones adecuadas, acceso a potencia eléctrica, eficiencia energética, conectividad, redundancia, seguridad física y operación continua.

Esa combinación convierte al data center en un activo mucho más complejo, pero también mucho más estratégico. La demanda crece, la oferta no puede desplegarse de forma inmediata y los grandes clientes, hiperescaladores, plataformas cloud, compañías tecnológicas, operadores de telecomunicaciones y grandes empresas, necesitan capacidad fiable a largo plazo.

España tiene una posición relevante en este nuevo mapa. Según el Informe anual 2025 del sector de Centros de Datos en España de SpainDC, elaborado en colaboración con Pb7 Research, el sector podría captar 66.900 millones de euros de inversión directa e indirecta hasta 2030 si el mercado mantiene su evolución actual. En ese escenario, el impacto anual en el PIB podría alcanzar los 7.300 millones de euros al final de la década y el empleo total asociado superar los 16.000 puestos de trabajo.

El crecimiento ya es visible. A cierre de 2025, la potencia IT instalada en centros de datos comerciales, colocation e hyperscale se situó en 439 MW, frente a los 355 MW de 2024, un incremento del 24%. Además, si se mantiene la tendencia actual, la capacidad podría alcanzar los 2.537 MW en 2030, multiplicando por seis la escala actual del mercado. Madrid se ha consolidado como el principal nodo nacional y regional, mientras Barcelona, Aragón y partes de la Comunidad Valenciana ganan peso como polos de desarrollo.

El desafío estará en equilibrar crecimiento e impacto. Los data centers son infraestructuras críticas, pero también grandes consumidores de energía y, en determinados modelos de refrigeración, de agua. Asegurar suministro renovable, mejorar la eficiencia energética, optimizar el uso del suelo y responder a las exigencias regulatorias será determinante para sostener el crecimiento del sector.

España está bien posicionada, pero la carrera global va mucho más rápida

Desde la perspectiva de M&A, esto abre una nueva etapa. En hosting, la consolidación se basaba principalmente en sumar carteras de clientes recurrentes. En data centers, las operaciones responden a una lógica distinta: asegurar capacidad, ubicaciones, potencia, contratos a largo plazo y plataformas capaces de escalar. El componente inmobiliario, energético, tecnológico y financiero se mezcla de una forma mucho más sofisticada.

Esto no significa que el hosting deje de tener recorrido. Seguirá habiendo operaciones, especialmente en compañías con carteras rentables, baja rotación y capacidad de integrarse en plataformas mayores. Pero el centro de gravedad de la infraestructura digital se está desplazando. Durante años, el valor estaba en alojar la web, registrar el dominio y mantener al cliente dentro de un ecosistema de servicios digitales básicos. Ahora, una parte creciente del valor estará en proporcionar la infraestructura física y tecnológica que permite que funcionen la IA, el cloud, las aplicaciones empresariales y los servicios digitales críticos.

Ahora bien, conviene no perder la perspectiva global. España está bien posicionada en centros de datos, pero Estados Unidos y China avanzan a una velocidad muy superior, especialmente en las infraestructuras de nueva generación diseñadas para la inteligencia artificial. Allí no solo se está preparando el inmueble, los racks, la conectividad y la electrónica. Se están adquiriendo de forma masiva GPU, servidores y toda la infraestructura necesaria para hacer computación de IA a gran escala.

Las cifras dan la medida de la distancia. Según BloombergNEF, a finales de septiembre de 2025 había 23,1 GW de capacidad de centros de datos en construcción en el mundo, de los que 15,9 GW estaban en Estados Unidos, frente a 2,9 GW en toda la región EMEA. S&P Global 451 Research estima que Estados Unidos representa más del 40% de la capacidad mundial de centros de datos, mientras que otras estimaciones de mercado sitúan en ese país el 54% de los centros de datos hiperescala, con China en segunda posición, con el 16%. Un solo proyecto como el campus Fairwater de Microsoft, cuyo coste estimado podría superar los 100.000 millones de dólares según Epoch AI, representa por sí mismo una escala de inversión superior a la prevista para todo el sector español hasta 2030.

En esa carrera, Europa se está quedando atrás y tendrá que acelerar. No se trata solo de atraer inversión inmobiliaria y energética, sino de disponer de capacidad de computación propia para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial. Quien controle esa capacidad decidirá dónde se desarrolla la próxima generación de tecnología. Y hoy esa decisión se está tomando, sobre todo, en Estados Unidos y en China.

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