La expansión de la inteligencia artificial está impulsando una transformación sin precedentes del mercado energético mundial. Los centros de datos se han convertido en uno de los principales motores de crecimiento de la demanda eléctrica y podrían registrar un incremento anual compuesto del 24% hasta 2030, según las previsiones de McKinsey en su informe Global Energy Perspective 2026. Sin embargo, la disponibilidad de energía, y no la demanda de capacidad informática, será el factor que determine el ritmo real de expansión del sector.
La consultora señala que los centros de datos figuran ya entre las fuentes más relevantes de nueva demanda eléctrica a nivel global, impulsados por el rápido despliegue de aplicaciones de inteligencia artificial, servicios cloud y computación avanzada. No obstante, advierte de que existen importantes limitaciones en la infraestructura energética, desde los procesos de interconexión y obtención de permisos hasta la escasez de transformadores, turbinas y capacidad de construcción.
La energía, nuevo factor estratégico para el crecimiento digital
«De aquí a 2030, en nuestros escenarios más probables, la oferta de energía será inferior a la demanda de capacidad informática», explica Sam DeFabrizio, socio de McKinsey.
La conclusión supone un cambio de paradigma para la industria tecnológica. Mientras durante años la disponibilidad de suelo, fibra o financiación marcaba la viabilidad de los proyectos, ahora el acceso a potencia eléctrica se ha convertido en el principal condicionante para el despliegue de nuevos campus digitales.
Según McKinsey, el mundo está entrando en una etapa en la que la pregunta ya no es cuánto disminuirá el uso de combustibles fósiles, sino qué fuentes de energía podrán satisfacer una demanda global que sigue creciendo. En 2025 aumentaron simultáneamente el consumo de petróleo, gas, carbón y energías renovables, reflejando una transición energética basada más en la expansión de la oferta que en la sustitución inmediata de tecnologías.
Auge de la generación eléctrica propia
Ante las dificultades para obtener conexión a la red en plazos competitivos, cada vez más operadores recurren a sistemas de generación in situ basados en gas natural, pilas de combustible y almacenamiento mediante baterías. Estas soluciones permiten acelerar la puesta en marcha de nuevas instalaciones, aunque introducen nuevos desafíos relacionados con el suministro de combustible y la infraestructura asociada.
Aun así, el modelo dominante no será la desconexión de la red eléctrica. Más del 60% de los operadores considera que su estrategia a largo plazo combinará generación propia con acceso a la red pública, creando infraestructuras híbridas capaces de aportar flexibilidad al sistema energético.
La red eléctrica, el auténtico cuello de botella
Uno de los mensajes centrales del informe es que la generación renovable barata por sí sola no resolverá los retos energéticos asociados al crecimiento digital. La capacidad de transporte y distribución, el almacenamiento, las interconexiones y la disponibilidad de transformadores serán factores tan importantes como la propia generación eléctrica.
De hecho, McKinsey advierte de que la próxima gran crisis energética podría estar relacionada con la red eléctrica y las cadenas de suministro más que con la escasez de petróleo o gas. Por ello, prevé que la inversión mundial en infraestructuras de transmisión y distribución aumente de forma significativa durante las próximas décadas.
Un futuro energético más incierto
El informe contempla varios escenarios para la evolución del sistema energético mundial, desde una aceleración de la descarbonización impulsada por la caída de costes de las tecnologías limpias hasta un escenario de mayor dependencia de los hidrocarburos o de fragmentación geopolítica en grandes bloques regionales.
En todos ellos, sin embargo, aparece una constante: la creciente influencia de la inteligencia artificial sobre la demanda energética. Paradójicamente, la IA también podría ayudar a optimizar redes, mejorar previsiones, aumentar la eficiencia operativa y reducir consumos, lo que introduce una elevada incertidumbre sobre la evolución del mercado más allá de 2030.
Los ganadores serán quienes aseguren energía
Para empresas tecnológicas, proveedores cloud y operadores de centros de datos, la principal conclusión es clara: la ventaja competitiva dependerá cada vez más de la capacidad para garantizar acceso temprano a recursos energéticos escasos y gestionar múltiples escenarios de evolución del mercado.
Según Sam DeFabrizio, los líderes del sector serán aquellos capaces de combinar acceso prioritario a la energía, diversificación de fuentes de suministro y una gestión rigurosa del riesgo en un entorno donde la incertidumbre energética se ha convertido en una variable estratégica tan importante como la propia innovación tecnológica.




