ENTREVISTAS

ILUNION IT Services: tecnología, ciberresiliencia y talento en la era de la IA



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Hemos charlado con Sergio Verdasco, director general de ILUNION IT Services, quien analiza la evolución del mercado de infraestructuras IT, el impacto de la IA, la importancia de los modelos híbridos y los desafíos que marcarán el futuro inmediato del sector, como el talento o la inclusión

Publicado el 18 may 2026

Lucía Bonilla

directora de Data Center Market



Sergio Verdasco, director general de ILUNION IT Services
Sergio Verdasco, director general de ILUNION IT Services

La transformación tecnológica vive uno de sus momentos más intensos. La irrupción de la inteligencia artificial, la presión creciente sobre las infraestructuras IT, la necesidad de reforzar la continuidad del negocio y la escasez de talento especializado están obligando a las compañías a replantear sus estrategias tecnológicas.

En este contexto, ILUNION IT Services afronta una nueva etapa con Sergio Verdasco al frente de la dirección general. Ingeniero de Telecomunicaciones y Executive MBA, Verdasco acumula casi dos décadas de trayectoria dentro de la compañía y asume el liderazgo en un momento especialmente desafiante para el sector.

Con una fuerte apuesta por los servicios de data center, ciberseguridad y ciberresiliencia, la compañía busca reforzar su posicionamiento en un mercado donde la tecnología ya no puede entenderse sin continuidad operativa, sostenibilidad y gestión del talento.

Además, la compañía mantiene un modelo diferencial en el sector tecnológico: el 29% de su plantilla son mujeres y el 22% personas con discapacidad, una apuesta por la inclusión que la compañía defiende como ventaja competitiva.

En esta entrevista, Sergio Verdasco analiza la evolución del mercado de infraestructuras IT, el impacto de la IA sobre los centros de datos, la importancia de los modelos híbridos y los desafíos que marcarán el futuro inmediato del sector.

Voy a hacer 19 años en la casa, así que ya soy “mayor de edad” en ILUNION. He pasado por distintos puestos de gestión y dirección y he vivido muy de cerca prácticamente toda la evolución de la compañía. Incluso antes de que naciera la marca, ya estaba vinculado a este proyecto y he participado en distintas etapas de crecimiento y transformación. Eso hace que conozca muy bien tanto la compañía como el mercado en el que operamos.

Ahora afrontamos una etapa muy interesante, pero también muy exigente. Nos movemos en un entorno tecnológico tremendamente dinámico, con cambios constantes y con clientes que necesitan cada vez más cercanía, más capacidad de adaptación y más acompañamiento estratégico.

Nuestro foco está muy orientado a entender bien las necesidades reales de los clientes, cuidar el talento y seguir desarrollando capacidades que nos permitan responder a un mercado cada vez más complejo.

Además, en nuestro caso hay un componente diferencial muy importante: nuestro propósito, “Construir un mundo mejor con todos incluidos”, y eso implica que nuestra aproximación a la tecnología tiene también una dimensión social muy relevante.

La realidad es que el entorno se ha vuelto tremendamente demandante. Muchas organizaciones siguen trabajando sobre infraestructuras heredadas que no estaban preparadas para soportar las nuevas necesidades de computación y almacenamiento que exige la inteligencia artificial. Además, la velocidad de evolución tecnológica es enorme. Hace muy poco hablábamos simplemente de IA generativa y ahora ya estamos entrando en escenarios de IA agentica, con capacidades mucho más avanzadas y necesidades técnicas todavía mayores. Eso obliga a revisar continuamente la capacidad de las infraestructuras y, sobre todo, a entender muy bien qué necesita realmente cada cliente.

Y a este contexto hay que añadir un factor adicional: la creciente inestabilidad del mercado. No solo hablamos de limitaciones en la cadena de suministro de componentes, sino también de una elevada volatilidad en los precios, que pueden variar varias veces dentro de un mismo mes y, en muchos casos, siempre al alza. Esto complica aún más la toma de decisiones a medio y largo plazo para las organizaciones.

Por eso, ya no basta con desplegar capacidad de computación de manera genérica. Ahora es imprescindible diseñar arquitecturas muy alineadas con el negocio, porque cada organización tiene necesidades distintas y ritmos de adopción diferentes. También hay que tener una enorme capacidad de previsión. Seguimos viviendo tensiones en el suministro tecnológico y, combinadas con la incertidumbre de precios, obligan a planificar con mucho más rigor tiempos, capacidades y escalabilidad.

En este escenario cobra especial sentido el modelo IT as a Service, que permite a las organizaciones apoyarse en contratos de servicios a varios años con costes definidos desde el inicio, frente a modelos tradicionales basados en inversión en CAPEX, más expuestos a estas fluctuaciones. El reto hoy no es solo no quedarse corto en capacidad, sino tampoco sobredimensionar infraestructuras en un entorno que evoluciona a una velocidad sin precedentes.

Durante los últimos años hemos vivido una cierta aceleración en torno a la IA y a la transformación digital. Muchas organizaciones han tomado decisiones muy rápidas por miedo a quedarse atrás. Ahora estamos entrando en una fase algo más reflexiva. Las compañías empiezan a preguntarse qué proyectos tienen realmente sentido, cómo medir su impacto, qué retorno generan y cómo integrarlos de manera sostenible dentro de su operativa.

Creemos que el mercado irá racionalizando progresivamente esa adopción tecnológica. La inteligencia artificial seguirá siendo protagonista, pero veremos estrategias mucho más maduras y menos impulsivas. También esperamos que se estabilicen algunos de los problemas actuales relacionados con suministro, capacidad y disponibilidad tecnológica.

Lo primero que vemos es que los extremos rara vez funcionan bien. Ni un modelo completamente on-premise ni un modelo totalmente cloud parecen responder adecuadamente a las necesidades actuales de la mayoría de las organizaciones. El mercado se está moviendo claramente hacia modelos híbridos. Las empresas necesitan flexibilidad, capacidad de escalado, pero también control, eficiencia y continuidad operativa. Por eso es tan importante entender dónde tiene sentido ubicar cada carga de trabajo. Hay aplicaciones o procesos donde la nube tiene muchísimo sentido y otros donde mantener capacidades más cercanas o controladas aporta ventajas importantes en términos de latencia, resiliencia o costes. El gran reto está en encontrar ese equilibrio.

En este debate entre on-premise y cloud, está ganando peso un tercer enfoque que combina lo mejor de ambos mundos: el modelo IT as a Service. Este modelo permite disponer de infraestructura y servicios on-premise —aunque la propiedad recaiga en el fabricante o proveedor—, incorporando al mismo tiempo la flexibilidad, escalabilidad y capacidad de gestión propias de las soluciones cloud.

De esta forma, las organizaciones pueden mantener el control y la proximidad de sus sistemas críticos, sin renunciar a modelos de consumo más flexibles, predecibles y adaptados a la evolución del negocio. En un entorno donde la tecnología y las necesidades cambian a gran velocidad, este enfoque híbrido evolucionado se está consolidando como una de las respuestas más eficaces.

La inclusión no es únicamente una cuestión de responsabilidad social. También tiene consecuencias directas sobre la estabilidad y la calidad del servicio

Sí, claramente estamos viendo movimientos en esa dirección. Hubo un momento en el que parecía que todo debía ir a la cloud y que ese era el único camino posible. Pero la realidad operativa de las empresas es bastante más compleja. La tecnología tiene que garantizar la continuidad del negocio y no siempre tiene sentido trasladar absolutamente todos los activos digitales a entornos cloud.

Empiezan a pesar muchos factores como la latencia, el control del dato, los costes, la resiliencia o incluso la dependencia de determinados proveedores. Por eso muchas organizaciones están revisando estrategias y apostando por modelos híbridos más racionales. No se trata de abandonar la nube, sino de decidir qué debe estar en cada entorno para maximizar eficiencia y continuidad.

Es un tema absolutamente estratégico. La velocidad a la que se han adoptado algunas tecnologías ha provocado que, en ciertos casos, no se prestara suficiente atención a cuestiones relacionadas con el gobierno del dato o su ubicación. Ahora las organizaciones son mucho más conscientes de la importancia de saber dónde está la información, quién tiene acceso a ella y bajo qué condiciones se gestiona. Por eso, la gobernanza del dato es fundamental. Y aquí no hablamos solo de tecnología. También hablamos de procesos y, sobre todo, de personas. Muchas veces el eslabón más vulnerable sigue siendo el humano y por eso es tan importante trabajar la cultura organizativa y la gestión responsable de la información.

Sergio Verdasco, director general de ILUNION IT Services: "Paradójicamente, en plena explosión de la IA, el componente humano adquiere todavía más relevancia"
Sergio Verdasco, director general de ILUNION IT Services: «Paradójicamente, en plena explosión de la IA, el componente humano adquiere todavía más relevancia»

La ciberresiliencia parte de una idea muy clara: asumir que los incidentes van a ocurrir. No hablamos únicamente de ciberataques. Puede producirse cualquier situación que afecte a la continuidad del negocio. Por eso el foco ya no está únicamente en prevenir, sino también en anticiparse, prepararse y ser capaces de responder rápidamente. La clave está en minimizar al máximo los tiempos de recuperación.

Hay que identificar qué sistemas son realmente críticos, qué procesos deben activarse en cada escenario y cuál es el camino más corto para volver a operar. Eso es precisamente lo que demandan hoy las organizaciones.

Totalmente. La IA es una herramienta potentísima tanto para proteger como para atacar. Los ciberdelincuentes también utilizan estas tecnologías y eso hace que ataques como el phishing sean cada vez más difíciles de detectar. Hace unos años muchos intentos de fraude eran relativamente fáciles de identificar. Ahora estamos viendo ataques muchísimo más sofisticados, más personalizados y más difíciles de filtrar. Por eso insistimos tanto en que la tecnología por sí sola no basta. Necesitamos sistemas inteligentes de protección, pero también usuarios preparados y organizaciones con una cultura sólida de seguridad. Paradójicamente, en plena explosión de la IA, el componente humano adquiere todavía más relevancia.

La escasez de talento es real y afecta especialmente a los perfiles más especializados. Cuanto mayor es el nivel de especialización, más difícil resulta encontrar profesionales preparados y actualizados. En nuestro caso tenemos un enfoque muy particular, porque apostamos claramente por incorporar talento procedente de colectivos que tradicionalmente han estado menos presentes en el sector tecnológico. Trabajamos mucho con personas con discapacidad y colectivos vulnerables, algo que forma parte de nuestro propósito y de nuestra identidad. Eso nos permite acceder a perfiles muy comprometidos y demostrar que la rentabilidad económica y la social son perfectamente compatibles.

La ciberresiliencia parte de asumir que los incidentes van a ocurrir y de ser capaces de minimizar al máximo los tiempos de recuperación

Es absolutamente clave. Muchas veces hablamos solo de captación, pero uno de los grandes problemas del sector es la rotación. La alta rotación genera inestabilidad, curvas de aprendizaje constantes y un impacto directo en la calidad de los servicios. Nosotros apostamos muchísimo por el desarrollo interno, el reskilling y la promoción profesional.

Creemos que muchas veces es más eficiente potenciar talento interno que incorporar continuamente perfiles externos que luego necesitan adaptación cultural y operativa. Estamos orgullosos de tener una plantilla muy estable y muy comprometida. Y eso, al final, también se traduce en una mejor experiencia para los clientes.

Tiene un impacto muy claro. La inclusión no es únicamente una cuestión de responsabilidad social. También tiene consecuencias directas sobre la estabilidad, el compromiso y la calidad del servicio. Cuando consigues equipos más implicados y con menor rotación, la prestación de los servicios es mucho más estable y eficiente. Además, incorporar talento diverso aporta perspectivas distintas y formas diferentes de afrontar los problemas. Creemos sinceramente que es una ventaja competitiva. De hecho, nos gustaría que dejara de verse como algo excepcional y que otras compañías del sector apostaran también por modelos similares.

Sin duda. Precisamente la tecnología tiene que servir para eliminar barreras y facilitar el acceso a determinados entornos profesionales. Hay perfiles que muchas organizaciones descartarían inicialmente y que, sin embargo, demuestran un rendimiento extraordinario cuando se les da la oportunidad adecuada. Eso sí, la accesibilidad no viene garantizada automáticamente por trabajar en tecnología. Hay que diseñar sistemas accesibles, eliminar barreras y trabajar mucho desde la empatía y la adaptación. Ese es uno de los grandes retos y también una de nuestras principales líneas de trabajo.

La IA seguirá marcando claramente el ritmo de evolución tecnológica, especialmente la IA agéntica, que obligará a diseñar infraestructuras todavía más especializadas y orientadas a necesidades concretas. Pero además veremos una importancia creciente de la sostenibilidad. Las enormes inversiones en computación y almacenamiento plantean retos muy relevantes desde el punto de vista energético, de refrigeración y de eficiencia. La sostenibilidad ya no puede entenderse únicamente desde una perspectiva ambiental, también tiene una dimensión social y de gobernanza que será cada vez más importante. Y, por supuesto, seguirá siendo prioritario todo lo relacionado con el talento. Necesitamos atraer, formar y fidelizar profesionales en un contexto de enorme transformación tecnológica.

Creo que precisamente ahora el componente humano gana todavía más relevancia. Si determinadas tareas pueden automatizarse, el valor diferencial estará en aquello que seguimos aportando las personas: criterio, empatía, creatividad, capacidad de adaptación y visión estratégica. Estamos viviendo una auténtica revolución tecnológica y eso obliga también a una reconversión cultural y profesional. El reto es conseguir que esa transformación no deje a nadie atrás. Ese enfoque humanista forma parte de nuestra visión y de cómo entendemos el futuro del sector tecnológico.

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