La rápida adopción de herramientas de inteligencia artificial dentro de las organizaciones está dando lugar a un nuevo desafío para los departamentos de tecnología: el denominado shadow AI. Este fenómeno, que recuerda al auge del shadow IT de años anteriores, se produce cuando los empleados incorporan soluciones de IA, automatizaciones o agentes inteligentes sin el conocimiento ni la supervisión del área de IT, creando riesgos relacionados con la seguridad, la gestión de los datos y el control de los procesos.
Según advierten desde la consultora SETESCA, el problema va más allá del uso puntual de aplicaciones de inteligencia artificial. La nueva generación de agentes de IA es capaz de ejecutar tareas, analizar información e intervenir directamente en procesos de negocio, lo que aumenta la complejidad de su supervisión. En muchos casos, estas herramientas pueden acceder a información corporativa, automatizar flujos de trabajo o tomar decisiones operativas sin que exista una política clara sobre sus permisos, responsabilidades o niveles de control.
Una adopción más rápida que la preparación de las organizaciones
La expansión de la inteligencia artificial en el entorno laboral está avanzando a un ritmo que muchas compañías todavía no han conseguido acompañar desde el punto de vista organizativo. Esta situación genera una creciente desconexión entre la capacidad de los empleados para experimentar con nuevas tecnologías y la capacidad de la empresa para establecer criterios de uso, seguridad y gobernanza.
Desde SETESCA señalan que la principal preocupación ya no es únicamente conocer qué herramientas utilizan los profesionales, sino entender cómo estas tecnologías están transformando el trabajo diario. La aparición de usuarios avanzados capaces de diseñar automatizaciones complejas o coordinar agentes de IA está provocando que la inteligencia artificial deje de ser una simple herramienta de productividad para convertirse en un elemento integrado dentro de los procesos empresariales.
«Estamos asistiendo a una evolución natural del shadow IT, pero con un impacto potencialmente mayor», explica Jordi Damià, CEO de SETESCA. «Ahora no solo se introducen nuevas aplicaciones, sino sistemas capaces de automatizar tareas, analizar datos y participar en decisiones operativas. Sin una estrategia adecuada, las organizaciones pueden encontrarse con múltiples iniciativas de IA funcionando de forma paralela y sin una supervisión efectiva».
Del control de aplicaciones al control de procesos
La irrupción de agentes inteligentes está obligando a redefinir el papel de los responsables de tecnología. Tradicionalmente, la prioridad de los CIO se centraba en controlar el catálogo de aplicaciones autorizado dentro de la empresa. Sin embargo, la inteligencia artificial introduce una nueva dimensión: la necesidad de supervisar cómo se modifican los procesos de negocio, qué información utilizan los sistemas automatizados y quién asume la responsabilidad de sus resultados.
Este cambio de paradigma implica pasar de una gestión basada en herramientas a un modelo centrado en procesos y riesgos. Las organizaciones necesitan identificar qué actividades pueden ser automatizadas, qué decisiones deben mantenerse bajo supervisión humana y cómo garantizar la trazabilidad de las actuaciones llevadas a cabo por sistemas de IA.
Para los expertos de SETESCA, la gobernanza ya no puede limitarse a autorizar o bloquear aplicaciones. También debe contemplar aspectos como la auditoría de resultados, la gestión de permisos, el control de acceso a la información y la definición de responsabilidades cuando un sistema automatizado comete errores o genera resultados inesperados.
Prohibir no es la solución
Ante el avance del shadow AI, algunas organizaciones podrían optar por restringir o prohibir el uso de aplicaciones no autorizadas. Sin embargo, los especialistas consideran que esta estrategia difícilmente será efectiva debido a la facilidad con la que los empleados pueden acceder actualmente a herramientas de inteligencia artificial disponibles en la nube.
En lugar de imponer bloqueos generales, las empresas deberían crear marcos de uso claros que permitan aprovechar el potencial de estas tecnologías sin comprometer la seguridad ni el cumplimiento normativo. Esto implica establecer políticas sobre el tratamiento de datos, la automatización de procesos, los niveles de autonomía permitidos para los agentes y los mecanismos de supervisión necesarios.
«La respuesta al shadow AI no pasa por prohibir la inteligencia artificial, sino por gestionarla adecuadamente», subraya Damià. «Las organizaciones necesitan fomentar la innovación y la experimentación, pero dentro de un entorno controlado que garantice la protección de los datos, la transparencia de los procesos y la responsabilidad humana sobre las decisiones finales».
La gobernanza como prioridad estratégica
La creciente presencia de la IA en las operaciones corporativas convierte la gobernanza tecnológica en una prioridad para los próximos años. A medida que agentes y automatizaciones asuman funciones cada vez más complejas, las empresas tendrán que definir nuevas reglas de convivencia entre personas y sistemas inteligentes.
Los expertos coinciden en que aquellas organizaciones que logren equilibrar innovación y control estarán mejor preparadas para obtener valor de la inteligencia artificial sin exponerse a riesgos innecesarios. En este contexto, el reto ya no consiste únicamente en adoptar IA, sino en hacerlo bajo un modelo de gobierno que garantice confianza, transparencia y supervisión efectiva.




