ENTREVISTAS

La era de la IA dispara un nuevo paradigma energético en los data centers



Dirección copiada

La irrupción de cargas de inteligencia artificial está transformando el consumo eléctrico de los centros de datos. Borja Santos, CEO de full&fast, advierte que el reto ya no es solo cuánto se consume, sino cómo se gestiona una demanda más intensa, impredecible y crítica para la red

Publicado el 29 may 2026

Lucía Bonilla

directora de Data Center Market



Entrevista a Borja Santos, CEO de full&fast
Entrevista a Borja Santos, CEO de full&fast

La inteligencia artificial está resultando en un desafío energético de primer orden. El crecimiento exponencial de los centros de datos, impulsado por cargas cada vez más intensivas y exigentes, está poniendo a prueba los límites de una red eléctrica diseñada para otro tipo de consumo. En este nuevo escenario, la energía ha pasado a ocupar un lugar central en la planificación, operación y viabilidad de la infraestructura digital.

En esta entrevista, Borja Santos, CEO de full&fast, analiza cómo el auge de la IA está redefiniendo las reglas del juego energético: desde la creciente volatilidad de la demanda hasta el papel estratégico del almacenamiento y la gestión inteligente. Su visión apunta a un cambio de paradigma en el que los data centers ya no pueden limitarse a consumir energía, sino que deben integrarse activamente en el sistema eléctrico para garantizar su propia resiliencia y sostener el crecimiento del ecosistema digital.

La demanda no está creciendo, está cambiando de escala. La Agencia Internacional de la Energía prevé que el sector global supere los 1.050 TWh de consumo en 2026, y en España las cifras de Spain DC apuntan a multiplicar por cinco la capacidad instalada en una década: Madrid pasará de unos 110 MW operativos en 2024 a más de 600 MW previstos para 2026. Pero el dato que más nos preocupa en full&fast no es el agregado, sino la forma de esa demanda. Las cargas de IA generativa son densas, intermitentes y muy poco predecibles. Un rack tradicional ronda los 10–15 kW; un rack de entrenamiento de modelos puede pasar de 100 kW. No estamos hablando solo de más electricidad, sino de un perfil de consumo radicalmente distinto que la red no fue diseñada para absorber.

Porque el data center ha pasado de ser un consumidor pasivo a una infraestructura crítica que necesita comportarse como un activo eléctrico. Hablamos de IA y de nube como si vivieran “en algún sitio” inmaterial, pero detrás hay megavatios reales y kilómetros de cableado. Cuando todo eso depende de una red que está al límite, el almacenamiento deja de ser una opción técnica y se convierte en una pieza estructural: garantiza continuidad, suaviza los picos que la red no puede absorber y permite al data center reaccionar al sistema eléctrico, no solo extraer de él. Sin almacenamiento, el ecosistema digital es frágil.

Hoy, no. Las cifras son contundentes: alrededor del 85% de los nodos de distribución eléctrica en España están saturados, y Red Eléctrica gestiona solicitudes de acceso por más de 5.000 MW solo para proyectos de data centers, una cifra que triplica la demanda real esperada. Significa que muchos proyectos anunciados nunca llegarán a conectarse en los plazos previstos. La red española es robusta para el modelo del siglo XX, no para el del XXI. Estaremos preparados si entendemos que la red tradicional ya no es la única respuesta: hay que complementarla con almacenamiento distribuido, generación renovable cercana al consumo y herramientas de gestión inteligente que permitan al sistema absorber picos sin colapsar. La transición no es solo de fuentes; es de arquitectura.

Cinco, por orden de urgencia para el operador. Primero, el acceso a la red: muchos proyectos están parados esperando un punto de conexión con suficiente potencia. Segundo, el coste y la volatilidad de la energía, que en un consumo industrial 24/7 puede definir la rentabilidad del proyecto. Tercero, la resiliencia operativa: las cargas de IA no admiten ni un microcorte, y el modelo tradicional basado en grupos electrógenos diésel es cada vez más difícil de justificar técnica y ambientalmente. Cuarto, la presión regulatoria, con nuevas exigencias de PUE, reporting de emisiones y cumplimiento NIS2. Y quinto, la integración con renovables intermitentes: si quieres alimentarte de solar o eólica, necesitas almacenamiento por definición.

Sí, completamente. Hace cuatro o cinco años la pregunta del cliente era “¿cómo consigo más potencia y cuánto me cuesta?”. Era una conversación de suministro. Hoy es “¿cómo hago que mi energía trabaje para mí?”. El cliente entiende que el coste eléctrico se compone de varias partidas —energía, potencia, peajes, cargos— y que puede actuar sobre todas ellas con la herramienta adecuada. Hablamos de gestión, no de consumo. Ese cambio se acelera todavía más en sectores como los centros de datos, donde la energía no es solo un coste: es un factor que condiciona la propia capacidad de crecer.

Hay dos misiones complementarias. La primera, la clásica: respaldo ante caídas o microcortes de red. Aquí el almacenamiento responde en milisegundos, sin la inercia de un grupo electrógeno y sin emisiones. La segunda, mucho más interesante: el sistema no se queda parado esperando a un fallo. El resto del tiempo, el EMS —en nuestro caso, full&fastCONNECT— coordina la batería con el consumo y la red para optimizar costes, gestionar picos y aportar flexibilidad al sistema eléctrico. La batería deja de ser un seguro y se convierte en un activo que genera valor desde el primer día. Esa es la diferencia frente al diésel: la eficiencia ronda el 85–95% en una batería frente al 30% de un generador, y mientras el diésel duerme, el almacenamiento trabaja.

Tres capas. En el corazón, los sistemas de almacenamiento de alta densidad: química litio LFP para uso cíclico intensivo, vanadio o hidrógeno para horizontes más largos. En la capa de potencia, inversores grid-forming, capaces no solo de inyectar energía sino de aportar estabilidad de red. Pero la diferencia decisiva está en la capa de inteligencia: el EMS. La capacidad de coordinar batería, fotovoltaica, demanda y mercados en tiempo real, con algoritmos predictivos, es lo que convierte una instalación eléctrica en un sistema económico. En nuestra plataforma estamos viendo hasta un 30% de ahorro energético gracias al software predictivo y el planificador de carga. Y, en el lado del data center, refrigeración líquida directa e inmersión: pueden reducir entre un 50% y un 60% el consumo asociado a la disipación térmica.

Borja Santos, CEO de full&fast
Borja Santos, CEO de full&fast

No, no puede. Es uno de los grandes equívocos del momento: hablamos de IA sostenible como si fuera una propiedad del software. Pero detrás de cada token generado hay electrones reales que vienen de una central. Si la infraestructura eléctrica no cambia, una IA con el doble de eficiencia computacional puede acabar consumiendo más energía total porque triplica su uso. La sostenibilidad real exige tres cosas: generación renovable masiva, almacenamiento que absorba la intermitencia y mercados de flexibilidad donde la demanda industrial —data centers incluidos— pueda participar activamente. En España estamos dando pasos importantes en esa dirección: el RD 88/2026 acaba de crear la figura del agregador independiente, que es exactamente la pieza regulatoria que faltaba para que el almacenamiento distribuido genere valor sistémico. Pero queda recorrido.

En el lado del coste, las palancas se acumulan. El peak shaving —usar la batería para cubrir los picos de demanda— reduce la potencia contratada, que en muchas industrias es una de las mayores partidas eléctricas. El arbitraje horario aprovecha la volatilidad del precio de mercado: cargar barato, descargar caro. Y a partir de ahí, los servicios al sistema —respuesta activa a la demanda, regulación secundaria y terciaria, mercados de capacidad— generan ingresos que en algunos casos cubren una parte significativa de la inversión. En el lado de la resiliencia, el almacenamiento garantiza continuidad frente a tensiones de red, eventos climáticos o caídas, y lo hace de forma instantánea. Es un activo de doble valor: protege la operación y, al mismo tiempo, la rentabiliza.

La oportunidad es real y grande. Spain DC habla de hasta 58.000 millones de euros de inversión hasta 2030 y de un papel central en el eje Madrid-Milán-Lisboa, en un contexto en el que el hub tradicional FLAP-D está saturado, con moratorias eléctricas en Dublín o Ámsterdam. Tenemos posición geográfica, cables submarinos, alta penetración renovable y suelo disponible. El riesgo es operativo: si no resolvemos el acceso a la red y la velocidad de despliegue, ese capital se irá a otros mercados. La ventana es estrecha. Y la única forma de aprovecharla es asumir que la solución no puede esperar a ampliaciones de red que tardan años. Necesitamos arquitecturas híbridas —almacenamiento distribuido, autoconsumo, flexibilidad— que permitan poner data centers en operación ahora, no en 2030.

Veo cinco. Primero, el BESS como infraestructura estándar dentro del data center, no como accesorio: lo que hoy es UPS más diésel pasará a ser almacenamiento de duración prolongada. Segundo, los data centers como agentes activos de mercado: compran flexibilidad, la venden y forman parte del balance del sistema. Tercero, IA gestionando IA: los EMS basados en machine learning optimizarán de forma autónoma centros que están entrenando los propios modelos. Cuarto, edge y microrredes: parte de la capacidad se distribuirá cerca del consumo final, con generación y almacenamiento propios, reduciendo la presión sobre los grandes nodos. Y quinto, refrigeración líquida y eficiencia estructural, que pueden recortar hasta un 40% del consumo asociado a la disipación térmica. El sector se va a parecer poco al de hoy.

La energía ha dejado de ser un input invisible y se ha convertido en el factor que define qué es posible en la era digital. Quien resuelva la flexibilidad —generación, almacenamiento, gestión inteligente y participación en mercados— liderará la economía digital. No es un problema técnico; es un problema de arquitectura.

Artículos relacionados