La infraestructura electromecánica no avanza al mismo ritmo que las TI
12 de diciembre 2016
A la hora de afrontar un plan de renovación en un centro de datos, nos encontramos con multitud de escollos que salvar, desde una premura en los tiempos de ejecución que pueden incidir negativamente en el proyecto, hasta un desacompasamiento entre las TI a implantar y la infraestructura electromecánica. Todos los elementos son decisivos para llevar a buen término el proyecto y deben estar bien engranados.


Artículo escrito por Garcerán Rojas, presidente de PQC.

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En el transcurso de todos los años y muy presumiblemente en los venideros, venimos asistiendo en el entorno de los data centers a una progresión de la tecnología aplicada a la construcción y uso de los equipos TI que avanza a una velocidad para la cual el sistema de soporte electromecánico que sostiene la continuidad del servicio, no se encuentra preparado, dado que ésta avanza a un ritmo distinto y menor en todos los casos. 

La evolución, tanto de las tecnologías como de los niveles de exigencia relacionados con el negocio que aportan los equipos y sistemas TI, nos lleva a la necesidad de realizar una progresiva adaptación de nuestros entornos críticos para cumplir con una realidad que presenta un nivel cada vez mayor y una demanda de potencia cambiante, pero siempre al alza.

Y para ello, en los últimos años, a la hora de modernizar los recursos la proporción entre los que han dispuesto de los medios para construir nuevos centros de datos respecto de aquellos otros que han tenido que sobrevivir intentando reforzar los existentes, es aparatosamente favorable a estos últimos.

Y precisamente este tipo de actividad es la que podemos considerar como más habitual en los, recientemente cumplidos, 20 años de nuestra empresa, PQC, siendo además este modelo de trabajo el que constituye, quizás, el mayor exponente de dificultad y criticidad.

Menos velocidad de la deseada
Las infraestructuras electromecánicas de los data centers han ido evolucionando, pero no a la suficiente velocidad como para evitar que se presenten limitaciones que amenazan el crecimiento y la puesta al día del negocio. Estas limitaciones se manifiestan habitualmente en tres grandes grupos. Las relacionadas con la potencia disponible, las que tiene que ver con el espacio y las vinculadas directamente a la topología de diseño.

La evolución de los equipos TI ha deparado un escenario donde, si bien es cierto que el grado de integración ha permitido niveles de procesamiento y de miniaturización en ascendente y geométrica progresión, los aumentos de densidad de potencia y, sobre todo, de las necesidades asociadas al negocio, han requerido el suministro de una potencia para la que no se encuentran preparados los recintos críticos al uso. La proporción entre las superficies destinadas a equipos TI (área blanca) y los espacios aledaños reservados para las infraestructuras electromecánicas que les sirven de soporte, han ido en un progresivo descenso, siendo muy habitual tener que incrementar estos últimos, normalmente reconvirtiendo otras superficies de uso general.

En otras ocasiones, la limitación es directamente por espacio TI, dado el agotamiento de la superficie útil destinada a racks, al menos a nivel horizontal (se da mucho la situación en la que en un centro no existe posibilidad de instalar más racks, y con ello se detiene el despliegue de equipos, aunque la utilización vertical de los mismos sea muy pobre así como la densidad real de servidores). En tales casos, la búsqueda de espacios de ampliación requiere la localización de los mismos, tanto para su aplicación como sala blanca como para espacios de infraestructura.

El tercer grupo importante de limitación es el correspondiente a la topología de diseño. Aquí se da una situación por la cual los estándares tradicionales para la consecución de determinados niveles de disponibilidad han ido cambiando en la medida que el grado de exigencia está siendo cada día mayor. Las formas de redundancia son cada vez más complejas y ello conlleva la introducción en los diseños de un mayor número de componentes que suponen, por un lado, costes mayores, pero por otro, relacionado directamente con el tema que nos ocupa, mayores superficies y exigencias estructurales.

A la hora de afrontar un plan de renovación o de reforzamiento, y con el primer objetivo de salvar las barreras encontradas (o directamente tras un fallo del sistema con pérdida del servicio), se comienza con un diagnóstico de los hechos acaecidos, o con una auditoría de las instalaciones, que marcarán el escenario de partida, el estado actual del centro, sus puntos y operaciones de riesgo y los objetivos a conseguir en función de las necesidades reales de su usuario. Es decir, responder claramente a la clásica pregunta de “¿cómo puedo dejar esto en condiciones?”. Lo primero que, habitualmente, se deriva de este análisis es un plan de viabilidad técnico económico que determina las posibilidades efectivas de afrontar el plan trazado. 

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Viabilidad y disponibilidad
El Plan de Viabilidad comienza con un estudio global sobre la justificación de la inversión, es decir, si merece la pena dedicar un esfuerzo a la preparación de ese viaje. A partir del visto bueno general, comienzan los estudios específicos sobre distintas viabilidades donde la mayor incidencia la tenemos habitualmente en aspectos como la disponibilidad de espacios horizontales y verticales, las aptitudes estructurales del edificio, las circulaciones, la posible afección a terceros, etcétera.

Es ahí donde, al igual que en otros aspectos relacionados con nuestra actividad, está cobrando una gran importancia la aportación del departamento de arquitectura, especialidad que ha sido incorporada en los últimos años al equipo y que ha llegado, sin duda, para quedarse.
A partir de un dictamen favorable en el estudio de viabilidad, comienza la fase de proyecto, donde, más allá de las propias características técnicas del proceso y de la actualización de la documentación técnica, cobran una relevancia máxima el plan de ejecución, la planificación de las acciones y la lista ordenada de las mismas.

Es en esta ejecución donde estriba una de las mayores dificultades del trabajo y donde la especialización se antoja irrenunciable. Las ventanas de actuación quedan determinadas en función de una definición establecida entre las partes y donde la contribución del cliente o usuario final es también clave, debiendo estar involucradas y presentes tanto la parte de operación y mantenimiento del sistema electromecánico como la parte correspondiente a los equipos TI. La acción coordinada de todos los actores es vital para el éxito final del proyecto. 

Conviene hacer una mención especial en esta etapa al análisis de riesgos asociado a cada una de las operaciones y de las acciones individuales de cada una, de forma que se puedan establecer las medidas que mitiguen esos riesgos y que establezcan los caminos alternativos que tomar en caso necesario. 

Los trabajos de reingeniería en data center son, en función de lo anteriormente citado, ciertamente variopintos, pero en todos los casos se trata de operaciones similares a las que supondrían cambiar el motor de un avión en pleno vuelo. El data center debe seguir en marcha por lo que, salvo muy contadas excepciones, no existen paradas planificadas que permitan acometer las medidas correctoras sin ningún tipo de riesgo.

Si tuviésemos que dar algún consejo a quienes necesiten afrontar una tarea del estilo de las anteriormente mencionadas, serían varios los mensajes a difundir. En primer lugar, partir de un buen estudio de la instalación actual, que determine de forma clara los puntos débiles y de manera razonada y sensata los objetivos a conseguir. Y, para ello, recurrir a verdaderos expertos en la materia, evitando los típicos “expertos de toda la vida” pero de nuevo cuño. Seguidamente, desarrollar las labores descritas, pero con algunas advertencias especiales como son la de no tomar atajos, aunque parezcan sencillos (todos los pasos planteados tienen su por qué y eliminar alguno o algunos plantea riesgos innecesarios) y la de tomar idénticas medidas de seguridad para operaciones repetitivas de la misma naturaleza, a pesar de que las primeras hayan resultado correctas en su resultado.

El tiempo juega en contra
En este tipo de trabajos, siempre existe una premura de tiempo por parte del cliente pero ello no nos debe hacer movernos cerca del precipicio. En demasiadas ocasiones, y por razones relacionadas con la producción, es decir el negocio del día a día, se han debido postergar determinadas jornadas para las que no debe haber otra solución que su emplazamiento en otras jornadas posteriores. Es decir, ni eliminación de etapas, ni aceleración en los procesos que impliquen bajar la guardia. Las posibles consecuencias hacen que tales “desvíos” nunca merezcan la pena.

Son muchos ya los años dedicados a esta actividad y demasiadas las experiencia acumuladas como para no tener excesivas dudas a la hora de lanzar estas afirmaciones.