La expansión de la inteligencia artificial en las empresas está dejando una conclusión menos alarmista que la que suele dominar muchos titulares: la IA no se limita a sustituir trabajadores, también está generando empleo. Así lo refleja el estudio global El ROI de la IA Generativa y los Agentes, elaborado por Snowflake en colaboración con Omdia, a partir de las respuestas de 2.050 líderes empresariales y tecnológicos con capacidad de decisión en compras de IA.
El dato más llamativo es que el 77% de las organizaciones asegura haber registrado crecimiento de plantilla vinculado a la IA, frente al 46% que informa de pérdidas de empleo. Además, entre las compañías que han vivido ambos fenómenos, el 69% afirma que el impacto neto ha sido positivo.
Más que una destrucción lineal de puestos de trabajo, lo que se observa es una reconfiguración interna de los perfiles profesionales, sobre todo en las áreas técnicas. La investigación indica que el 42% de los encuestados dice que la IA ha creado empleo en su organización, mientras que solo el 11% sostiene que lo ha eliminado exclusivamente. Otro 35% habla de una combinación de creación y recorte, señal de que las empresas están reorganizando tareas, automatizando funciones concretas y reforzando otras nuevas.
Los perfiles técnicos concentran el mayor crecimiento
El estudio subraya que los mayores avances en empleo se concentran en los equipos técnicos, precisamente los más directamente vinculados al despliegue y mantenimiento de sistemas de IA. Operaciones de TI encabeza el crecimiento, con un 56% de las organizaciones informando de aumentos de personal, seguida de ciberseguridad (46%) y desarrollo de software (38%).
Ahora bien, esos mismos departamentos también figuran entre los más afectados por ajustes. Operaciones de TI, por ejemplo, lidera tanto la creación como la reducción de puestos, con un 40% de las empresas reportando pérdidas. También aparecen entre los más impactados servicio y soporte al cliente y análisis de datos, ambos con un 37%.
Ese doble movimiento confirma que la IA no expande ni reduce las plantillas de forma uniforme, sino que las remodela. Cuanto más madura es la adopción, más intenso resulta ese proceso. De hecho, el 75% de las organizaciones con múltiples casos de uso de IA considera positivo el impacto neto sobre el empleo, frente al 56% de aquellas que siguen en fases más tempranas.
El verdadero cuello de botella no es la IA, sino los datos
Pese al optimismo en empleo y productividad, el informe advierte de que escalar la IA sigue siendo difícil. Aunque las organizaciones declaran obtener 1,49 dólares por cada dólar invertido, el 96% reconoce afrontar obstáculos significativos en operaciones y datos.
La principal barrera no está en el algoritmo, sino en la base que lo alimenta. El 65% señala como problema romper los silos de datos; el 62% cita la dificultad para medir y supervisar la calidad del dato, y ese mismo porcentaje admite complicaciones para preparar la información de cara a usos de IA. El retraso es aún más evidente en el dato no estructurado: solo el 7% afirma que más de la mitad está realmente listo para su explotación.
A ello se suma la gobernanza. El 57% de los empleados, y hasta el 66% de la alta dirección, admite utilizar herramientas de IA no aprobadas por su organización. Además, el 60% reclama más inversión en infraestructura de datos y software de monitorización.
La inversión crece porque el retorno ya es tangible
Lejos de la idea de que la IA sigue atrapada en pilotos sin valor, el estudio sostiene que el 92% de las organizaciones pioneras obtiene un ROI positivo. Por eso, las compañías prevén dedicar el 22% de sus presupuestos tecnológicos a IA durante el próximo año.
La implantación ya es especialmente visible en operaciones de TI (62%), análisis de datos (59%), ciberseguridad (53%) y desarrollo de software (50%). En este último ámbito, el cambio es especialmente profundo: casi la mitad del código, un 48%, ya es generado por IA, mientras que el 82% reporta mejoras en pruebas, detección y corrección de errores.
La conclusión es clara: la IA empieza a consolidarse como palanca real de negocio y de transformación laboral, pero su salto definitivo dependerá menos de la promesa tecnológica que de la capacidad de las empresas para ordenar, asegurar y gobernar bien sus datos.






