El mercado global del software como servicio continuará su expansión durante la próxima década, pero 2026 se perfila como un punto de inflexión. Según las previsiones de Fundamental Business Insights, el SaaS pasará de 372.530 millones de dólares en 2025 a 418.150 millones en 2026, dentro de una trayectoria que apunta a 1,35 billones de dólares en 2035, con un crecimiento anual superior al 13,7%. Más allá de las cifras, el valor informativo está en cómo cambia el modelo: menos acumulación de herramientas y más eficiencia real.
El coste oculto de la fragmentación tecnológica
Durante años, muchas empresas apostaron por soluciones especializadas e independientes. Ese enfoque ha derivado en ecosistemas fragmentados, con datos repartidos en silos que apenas se comunican. En 2025, el sector empezó a identificar con claridad el llamado “impuesto de la integración”, un coste operativo y estratégico que limita el despliegue eficaz de la inteligencia artificial.
La falta de conexión entre aplicaciones críticas impide que la IA trabaje con contexto completo y fiable. Sin una base de datos unificada, los sistemas automáticos ofrecen respuestas parciales o inconsistentes, con riesgos añadidos en permisos, privacidad y control de accesos. La tendencia para 2026 apunta a plataformas integradas, donde las aplicaciones compartan datos y flujos de trabajo de forma nativa, reduciendo dependencias externas y complejidad técnica.
Menos tamaño, más contexto en la inteligencia artificial
Otro giro relevante afecta al tipo de IA que adoptan las empresas. Frente a la idea dominante de que los modelos más grandes son siempre mejores, gana terreno la “Right-Sized AI”, basada en modelos de lenguaje pequeños y especializados. Estos sistemas, entrenados con datos propios de cada organización, ofrecen resultados más precisos en tareas concretas y con menor coste económico y ambiental.
El valor periodístico de esta tendencia está en el cambio de lógica: la utilidad no depende del número de parámetros, sino de la capacidad de comprender el negocio. La IA integrada en el SaaS deja de ser un elemento genérico y se convierte en una herramienta operativa, diseñada para automatizar procesos, analizar información y asistir decisiones dentro de un entorno controlado y privado.
De comprar software a co-crear soluciones
La adopción de SaaS también evoluciona en la relación entre proveedor y cliente. En grandes organizaciones, la compra de licencias sin adaptación suele acabar en software infrautilizado. Frente a ese modelo, se consolida la co-creación, donde la tecnología se ajusta a los flujos reales de trabajo.
Las plataformas low-code y de automatización permiten desarrollar soluciones a medida sin partir de cero. Este enfoque reduce el desperdicio tecnológico y refuerza el papel del proveedor como socio a largo plazo, no como simple suministrador de herramientas cerradas.
Privacidad y resultados como ejes del nuevo SaaS
El contexto regulatorio y la presión sobre el uso de datos impulsan otra tendencia clara: la privacidad como ventaja competitiva. Cada vez más empresas exigen que los modelos de IA se ejecuten en entornos locales o nubes privadas, evitando que la información se reutilice para entrenar sistemas públicos.
A esto se suma un rechazo creciente al modelo de pago por usuario. El mercado demanda soluciones orientadas a resultados, donde el software no solo registre información, sino que ejecute tareas completas mediante IA agéntica, apoyada en el historial y el contexto del usuario.
En conjunto, el SaaS de 2026 se define menos por el volumen y más por el impacto. Integrar, contextualizar y proteger los datos se convierte en la base para generar valor real en un sector que deja atrás la fase de crecimiento acelerado para centrarse en la eficiencia.






