ENTREVISTAS

“La llegada del liquid cooling ha obligado a replantear proyectos enteros de centros de datos”



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La transición hacia sistemas de refrigeración líquida impulsada por IA está transformando el sector. Muchos proyectos previstos para 2025 tuvieron que rediseñarse por completo. Gerardo Fernández, director general de IGIC (Ingeniería y Gestión de Infraestructuras Críticas), explica por qué estamos ante un cambio de paradigma tecnológico

Publicado el 8 jun 2026

Lucía Bonilla

directora de Data Center Market



. Gerardo Fernández, director general de IGIC (Ingeniería y Gestión de Infraestructuras Críticas)
. Gerardo Fernández, director general de IGIC (Ingeniería y Gestión de Infraestructuras Críticas)

La irrupción de la inteligencia artificial está acelerando una transformación sin precedentes en el sector de los centros de datos. Nuevas necesidades de procesamiento, mayores densidades de potencia y la irrupción de tecnologías como la refrigeración líquida están obligando a replantear el diseño, la construcción y la operación de estas infraestructuras críticas. En paralelo, la presión energética, la falta de talento especializado y el crecimiento exponencial de la demanda digital dibujan un escenario de enormes desafíos, pero también de grandes oportunidades para países como España.

En esta entrevista, Gerardo Fernández, director general de IGIC, analiza el momento que vive el sector desde una perspectiva técnica y estratégica. Desde el impacto real de la IA en los proyectos hyperscale hasta la importancia del commissioning, la operación o la gestión energética, la conversación ofrece una visión profunda sobre hacia dónde evolucionan los centros de datos y qué retos deberán afrontar en los próximos años.

La evolución ha sido enorme y además muy acelerada. Venimos de una etapa en la que el sector ya crecía con fuerza, impulsado por la digitalización, el cloud y la transformación tecnológica de las empresas, pero en los dos o tres últimos años hemos entrado en una nueva dimensión.

Durante mucho tiempo el foco era construir centros de datos más rápidos, más eficientes y cada vez más grandes. Había una obsesión muy clara por reducir tiempos de ejecución, industrializar procesos, apostar por soluciones prefabricadas y modulares y optimizar cualquier aspecto relacionado con costes y eficiencia energética.

Todo eso sigue existiendo, por supuesto, pero ahora mismo el gran elemento disruptivo es la inteligencia artificial. La IA ha alterado completamente las previsiones del sector y ha cambiado muchas reglas del juego que parecían ya asentadas.

Lo interesante es que no hablamos solo de un cambio tecnológico, sino también de un cambio cultural y operativo. Las grandes compañías han cambiado completamente su manera de trabajar. Hace unos años el correo electrónico o una llamada telefónica eran las herramientas principales de comunicación corporativa. Hoy el trabajo gira alrededor de plataformas colaborativas, entornos cloud, videoconferencia permanente, compartición masiva de información y herramientas de inteligencia artificial integradas en el día a día.

Eso multiplica el consumo de recursos digitales y, por tanto, multiplica la necesidad de capacidad de procesamiento y almacenamiento.

Absolutamente. Y creo que todavía no somos plenamente conscientes de la magnitud del cambio. La IA está transformando la demanda tecnológica a todos los niveles. Hoy cualquier multinacional trabaja de forma distinta a como lo hacía hace cinco años. Ya nadie prepara una reunión sin apoyarse en herramientas de IA, nadie desarrolla ciertos documentos sin automatización o análisis inteligente y cada vez más procesos empresariales dependen de modelos de computación avanzados. Todo eso requiere una infraestructura enrome detrás. Y ese crecimiento tiene una consecuencia directa: los centros de datos necesitan cada vez más potencia, más capacidad de refrigeración y nuevas arquitecturas técnicas. Ahí es donde aparece uno de los grandes cambios tecnológicos actuales: el regreso de la refrigeración líquida.

Porque las nuevas cargas asociadas a inteligencia artificial tienen unas densidades de potencia enormes. Hasta hace relativamente poco, prácticamente todo el equipamiento IT de un centro de datos funcionaba con refrigeración por aire. Era el estándar del sector. Pero las GPU y los sistemas de IA actuales generan unas cargas térmicas tan altas que en muchos casos ya no es viable seguir trabajando únicamente con aire. Entonces vuelve con muchísima fuerza el Direct Liquid Cooling, el conocido DLC.

Y digo “vuelve” porque realmente no es una tecnología nueva. Ya existía hace décadas. A finales de los años 80 y principios de los 90 ya había soluciones de refrigeración líquida directa. Lo que ocurre es que durante muchos años el mercado evolucionó hacia otras tecnologías y aquello quedó prácticamente aparcado. Ahora ha regresado porque la necesidad tecnológica lo exige.

Instalaciones realmente probadas para operar con liquid cooling en España todavía se pueden contar con los dedos de una mano

Sí, completamente. Muchos proyectos que estaban diseñados para funcionar exclusivamente con refrigeración por aire tuvieron que volver atrás cuando fabricantes como NVIDIA comenzaron a anunciar que determinadas soluciones de alto rendimiento pasarían a funcionar solamente refrigeradas por agua. Ahí los operadores se hicieron la gran pregunta: “¿Está mi instalación preparada para esto?”.

Y claro, adaptar una infraestructura de estas características no es algo sencillo. Hay que reevaluar diseños hidráulicos, capacidades térmicas, sistemas de distribución, redundancias, mantenimiento, operación… Por eso muchos proyectos previstos inicialmente para 2025 se retrasaron y acabaron desplazándose a 2026.

España ha avanzado muchísimo. Durante años íbamos a remolque de otros mercados europeos más maduros, como Frankfurt, Londres o Ámsterdam, y por supuesto del mercado estadounidense. Pero eso ha cambiado radicalmente. Hoy España ya está claramente posicionada en el mapa internacional de los centros de datos y regiones como Aragón están teniendo un protagonismo enorme.

Además, hay algo muy interesante: en determinadas áreas relacionadas con liquid cooling y adaptación a cargas de IA, estamos viendo incluso más movimiento en España que en otros mercados europeos tradicionales. Ahora bien, una cosa es hablar de ello y otra haberlo probado realmente.

A que instalaciones completamente validadas y realmente probadas para operar con refrigeración líquida todavía hay muy pocas. Diseñar algo sobre plano es relativamente sencillo. Otra cosa es construirlo, ponerlo en marcha y demostrar con pruebas reales que funciona correctamente. Si hablamos de proyectos donde se hayan realizado ensayos completos con cargas DLC reales, probablemente en España todavía se puedan contar con los dedos de una mano. Y eso demuestra lo reciente que es este cambio tecnológico.

No, en absoluto. Lo que veremos será una convivencia entre ambos modelos. Habrá cargas asociadas a IA y supercomputación que necesitarán sí o sí refrigeración líquida por las enormes densidades energéticas que manejan. Pero seguirán existiendo muchísimos sistemas que continuarán funcionando perfectamente con aire. Equipos de almacenamiento, networking, comunicaciones o determinados appliances corporativos no requieren necesariamente liquid cooling. Por tanto, conviviremos muchos años con modelos híbridos.

La operación y el mantenimiento son vitales. Puedes diseñar el mejor centro de datos del mundo, pero si la operación falla, el problema aparece igual

Sí, y la diferencia respecto a hace veinte años es impresionante. Cuando empecé en este sector hablábamos de proyectos medidos en cientos de kilovatios. Más adelante empezamos a hablar de decenas de megavatios. Y ahora ya hablamos de campus completos de cientos de megavatios e incluso desarrollos pensados en escala gigavatio.

La magnitud del crecimiento es brutal. Y además es un crecimiento que tiene detrás necesidades reales. Muchas veces desde fuera puede parecer que existe una burbuja o cierta especulación, pero cuando analizas cómo trabajan hoy las grandes multinacionales entiendes perfectamente por qué la demanda se ha disparado.

Sí. Evidentemente puede existir algo de especulación puntual, como ocurre en cualquier sector en expansión, pero la mayoría de inversiones responden a necesidades reales.

Estamos hablando de infraestructuras multimillonarias. Solo la construcción de la infraestructura crítica de un gran centro de datos puede situarse entre 10 y 12 millones de euros por megavatio instalado. Y después todavía falta el equipamiento IT, que en muchos casos es incluso más caro. Además, si observas cómo se comportan empresas relacionadas con IA, cloud o semiconductores, ves claramente hacia dónde va el mercado. La demanda tecnológica existe y sigue creciendo de manera muy acelerada.

España tiene varios factores muy potentes. Por un lado, un coste energético relativamente competitivo comparado con otros países europeos. Por otro, estabilidad política y buenas comunicaciones internacionales. Tenemos una enorme conectividad mediante cable submarino y eso es estratégico para el desarrollo digital. Además, existen regiones con capacidad de crecimiento, disponibilidad de suelo y posibilidades energéticas muy interesantes, como Madrid o Aragón, pero más allá también.

Y también es importante destacar que no solo está entrando capital extranjero. Cada vez vemos más empresas españolas y grupos importantes apostando por el sector de los centros de datos.

La operativa y el mantenimiento tienen un peso absolutamente crítico. Un centro de datos no deja de ser una infraestructura viva. Cambia continuamente. Cambian las cargas, los clientes, las necesidades, las tecnologías… y eso exige una operación extremadamente profesional. Puedes diseñar una infraestructura excelente, construirla perfectamente y hacer una puesta en marcha impecable, pero si después la operación falla, el problema aparece igual. Muchas incidencias importantes en el sector tienen detrás errores humanos, problemas operativos o procedimientos mal ejecutados. Por eso la operación y el mantenimiento son tan importantes como el diseño inicial.

Ayudará muchísimo, pero no sustituirá al equipo humano. La inteligencia artificial puede aportar monitorización avanzada, mantenimiento predictivo, análisis de tendencias o ayuda en la toma de decisiones. Pero sigue siendo imprescindible un equipo técnico cualificado. Al final alguien tiene que operar físicamente la infraestructura, intervenir sobre sistemas críticos y gestionar situaciones complejas en tiempo real. La experiencia humana sigue siendo fundamental.

Sí, y es uno de los grandes problemas actuales del sector. Faltan perfiles prácticamente en todas las áreas: ingeniería, operación, mantenimiento, commissioning, gestión de proyectos…

Pero especialmente faltan perfiles senior. Hay muchos juniors formándose, pero el mercado necesita profesionales con experiencia real y no existen suficientes. Eso está provocando incluso que se importe talento internacional porque la demanda supera claramente a la oferta disponible en España.

Muchísimo. Y esto es importante destacarlo porque muchas veces parece que solo hablamos de ingenieros, pero el sector necesita una enorme cantidad de técnicos especializados. Hace falta personal para mantenimiento preventivo, correctivo, operación diaria, supervisión de instalaciones críticas… Y ahí existe una carencia muy importante.

El commissioning no es un trámite; es la última oportunidad que tienes de probarlo todo antes de que el centro de datos entre en producción

Es absolutamente fundamental. El commissioning no es un trámite administrativo ni una simple formalidad previa a la entrega del proyecto. Es la última gran oportunidad de validar que toda la infraestructura funciona correctamente antes de entrar en producción. Y cuanto más exigentes son las cargas IT, más importante se vuelve esta fase. Hoy utilizamos emuladores de servidores y soluciones muy avanzadas capaces de replicar con muchísima precisión el comportamiento térmico y energético de las futuras cargas reales. Eso permite comprobar cómo responderá la instalación antes de que entren los clientes.

Sí, todavía ocurre. A veces por presión de plazos o por cuestiones presupuestarias, hay quien ve el commissioning como una fase final que simplemente hay que superar para entregar las llaves. Pero es un error enorme. Yo siempre pongo el ejemplo de la ITV de un coche. Tú no vas únicamente a que te den una pegatina. Vas a comprobar que el vehículo es seguro. Pues aquí ocurre exactamente lo mismo.

Las fases finales suelen durar entre dos y tres meses. Son meses muy intensos donde se realizan pruebas de integración, validaciones, simulaciones de fallo, ajustes y resolución de incidencias. Y además todo ocurre bajo muchísima presión porque normalmente hay fechas comprometidas con clientes finales.

Es uno de los grandes retos del sector. Y personalmente creo que el principal problema no es tanto de generación como de gestión y regulación. España tiene capacidad renovable suficiente. El problema aparece en el acceso a potencia, la planificación y la gestión de la red. Durante años también ha existido bastante especulación con la reserva de capacidad eléctrica para futuros proyectos, y eso ha complicado mucho determinados desarrollos.

Sí, totalmente. En otros países ya existen modelos donde los centros de datos participan activamente apoyando a la red mediante almacenamiento energético o reducción temporal de consumo. Un data center puede funcionar incluso como un gran sistema de respaldo energético. Es un modelo muy interesante y probablemente acabaremos avanzando en esa dirección.

Los próximos cinco años van a ser muy fuertes. La demanda sigue creciendo, España está muy bien posicionada y el desarrollo tecnológico continúa acelerándose. Eso sí, también tendremos que resolver retos importantes relacionados con energía, regulación y talento especializado. Pero el crecimiento del sector parece claramente consolidado.

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