El auge de la inteligencia artificial está transformando profundamente las necesidades tecnológicas de las empresas y, especialmente, de los centros de datos. El aumento exponencial del volumen de datos y la necesidad de procesarlos a gran velocidad está impulsando la demanda de infraestructuras más potentes, capaces de ofrecer mayor capacidad de memoria, mayor ancho de banda y sistemas de almacenamiento más rápidos.
Así lo explica Pedro González, Business Development Manager de Kingston EMEA, en una entrevista con Data Center Market en la que analiza cómo la expansión de la inteligencia artificial o el machine learning están redefiniendo el mercado de los componentes de memoria y almacenamiento.
Y es que, aunque la evolución tecnológica en este ámbito se venía gestando desde hace años, González señala que el verdadero punto de inflexión ha llegado con la popularización de la inteligencia artificial. Este tipo de cargas de trabajo exige procesar enormes cantidades de datos simultáneamente, lo que obliga a las organizaciones a reforzar su infraestructura tecnológica. “La inteligencia artificial está marcando ahora mismo la pauta de lo que requiere el mercado. Las nuevas aplicaciones basadas en datos requieren mayores velocidades de acceso y transferencia, así como más capacidad de procesamiento, lo que impacta directamente en los componentes de memoria y almacenamiento”, explica.
Este cambio afecta tanto a empresas como a centros de datos, aunque la prioridad de cada uno es diferente.

El servicio, clave en los centros de datos
En el entorno empresarial, el coste de los componentes sigue siendo un factor relevante a la hora de renovar la infraestructura tecnológica. Sin embargo, en los centros de datos la prioridad suele ser distinta. Según el responsable de Desarrollo de Negocio de Kingston, el principal desafío para estas instalaciones es garantizar el nivel de servicio. Y es que una interrupción en un centro de datos puede tener consecuencias económicas muy superiores al coste de cualquier componente de hardware. Por este motivo, las decisiones tecnológicas en este ámbito suelen centrarse más en la fiabilidad y el rendimiento que en el precio.
Además, el papel de los centros de datos se ha vuelto cada vez más crítico. Cada vez más organizaciones almacenan y procesan sus datos en infraestructuras remotas o en la nube, lo que convierte a estas instalaciones en piezas clave de la economía digital.
La transición hacia nuevas generaciones tecnológicas
En este contexto, el sector está viviendo una transición hacia nuevas generaciones de memoria y almacenamiento. En el ámbito de la memoria SD-RAM, la evolución está llevando al mercado hacia tecnologías como DDR5, que ofrecen velocidades superiores y mejoras en latencia respecto a generaciones anteriores.
En el almacenamiento, comenta González, la tendencia dominante es la adopción de unidades SSD NVMe, especialmente en generaciones más recientes, que ofrecen un mayor ancho de banda y un rendimiento muy superior frente a tecnologías tradicionales. Estas soluciones se están convirtiendo en elementos fundamentales para soportar cargas de trabajo asociadas a inteligencia artificial, análisis de datos o virtualización. Y es que esta tecnología transfiere veinticinco veces más datos que su equivalente SATA.
Mayor demanda, pero con una hoja de ruta estable
Desde la perspectiva de los fabricantes, la expansión de la inteligencia artificial no ha cambiado necesariamente el ritmo de desarrollo tecnológico, pero sí ha incrementado notablemente la demanda. En el caso concreto de Kingston, la compañía sigue una hoja de ruta tecnológica definida que no ha cambiado. Pero es innegable que el volumen de producto demandado ha crecido debido a la necesidad de adaptar las infraestructuras a los nuevos requisitos de procesamiento de datos.
Al mismo tiempo, el fabricante continúa dando soporte a tecnologías anteriores. “Memorias como DDR4 o sistemas de almacenamiento SATA siguen teniendo presencia en el mercado, especialmente en sectores como la industria o la sanidad, donde los ciclos de renovación de infraestructura suelen ser más largos”, comenta.

Eficiencia energética y densidad tecnológica
El desarrollo de nuevas generaciones de memoria y almacenamiento también tiene implicaciones en la eficiencia energética de los centros de datos. A medida que la tecnología avanza, los chips pueden ofrecer mayor capacidad con menos componentes, lo que reduce el consumo energético. Además, los sistemas de almacenamiento basados en SSD presentan consumos menores y generan menos calor que los sistemas tradicionales.
Estos avances se suman a otra tendencia clave: la creciente densidad tecnológica. Los dispositivos actuales permiten concentrar mayores capacidades de procesamiento y almacenamiento en espacios cada vez más reducidos. Un ejemplo claro es el formato M.2, utilizado en muchas unidades SSD actuales, que permite integrar grandes capacidades en dispositivos de tamaño muy reducido. A esto se suma el avance de la virtualización, que permite ejecutar múltiples máquinas virtuales sobre un mismo hardware físico, optimizando aún más el uso de los recursos.
Cómo afrontar la renovación de la infraestructura de almacenamiento
Ante este escenario, Pedro González recomienda que las organizaciones planifiquen cuidadosamente cualquier proceso de actualización tecnológica. El primer paso debería ser analizar la infraestructura existente y evaluar las necesidades futuras en función del modelo de negocio. A partir de ahí, es necesario estudiar las plataformas disponibles en el mercado, seleccionar los proveedores adecuados y realizar pruebas piloto antes de implementar soluciones a gran escala. Este enfoque permite minimizar riesgos y asegurar que las inversiones tecnológicas se ajusten realmente a las necesidades operativas.
Entre los retos que enfrentan las empresas a la hora de actualizar su infraestructura destacan, como ya se había comentado anteriormente, el incremento del coste de los componentes y la complejidad de garantizar la compatibilidad entre diferentes tecnologías. El portavoz de Kingston advierte de que optar únicamente por la solución más barata puede generar problemas a medio plazo si no se tienen en cuenta factores como la calidad del componente, su compatibilidad con la plataforma o el soporte técnico disponible. Por ello, recomienda valorar cuidadosamente la fiabilidad de los productos y el respaldo de los fabricantes.
Un mercado en fase de consolidación tecnológica
A corto plazo, el sector parece encontrarse en una fase relativamente estable en términos tecnológicos. Las principales plataformas actuales —como DDR5 en memoria o NVMe en almacenamiento— seguirán siendo las protagonistas durante los próximos años, mientras el mercado continúa adaptándose a las crecientes exigencias de la inteligencia artificial. En este escenario, la evolución del hardware seguirá estrechamente ligada al crecimiento del volumen de datos y a la necesidad de procesarlos cada vez con mayor rapidez.







